Rafael Lara Martínez estudia el libro «El tránsito de fuego», de Eunice Odio, entrelazando las nociones dialógicas de Platón en cuanto a la creación y el tránsito del lenguaje como poesía
Rafael Lara Martínez | Antropólogo, lingüista, crítico literario y escritor
Hay dos tipos de lingüística: la ciencia de la lengua y la conciencia de la lengua. Si al analizar la ciencia cosifica el idioma, la conciencia lo vive y habita en su recinto que cultiva en poiesis.
Apócrifo

Resumen: «Platón en Centroamérica» analiza la obra maestra de Eunice Odio El tránsito de fuego (1957). Pese al olvido generacional de su trabajo, Odio ofrece una profunda rezamaxión filosófica de la poesía, semejante a una extensa «Ars poética» borgeana. En ella, el propósito de la poesía coincide con las esferas creativa y performativa del lenguaje. Prosiguiendo un formato de diálogo platónico, Odio propone una música de cámara cuyos cuatro componentes instrumentales interpretan la siguiente sinfonía: Big-Bang o creación del lenguaje como poesía (1), nacimiento del poeta Ion por la recepción pasiva de un genotipo lingüístico o escena primitiva (2), el poeta o demiurgo crea los artefactos necesarios para el surgimiento de la civilización y su revolución política (3), así como el retorno del poeta a su ciudad original y su expulsión por los administradores políticos (4). Odio pondera el legado creativo del lenguaje —en su carácter de poiesis— el mecanismo dinámico de su esencia y existencia, al igual que la oposición de los regentes políticos a los creadores poéticos de la verdad. Por su propuesta disidente, deben acabar sus días en el sacrificio o en el exilio para instaurar el buen gobierno.
Palabras claves: Filosofía del lenguaje, lingüística, literatura, poética, política.
Abstract: «Plato in Central America» analyzes Eunice Odio’s masterpiece, The Transit of Fire (1957). Despite the generational neglect of her work, Odio offers a profound philosophical reflection on poetry, akin to an extensive Borgesian «Ars Poetica.» In it, the purpose of poetry coincides with the creative and performative spheres of language. Following a Platonic dialogue format, Odio proposes a chamber music whose four instrumental components interpret the following symphony: Big Bang, or the creation of language as poetry (1); the birth of the poet Ion through the passive reception of a linguistic genotype, or primitive scene (2); the poet, or demiurge, creates the necessary artifacts for the emergence of civilization and its political revolution (3); and the poet’s return to his original city and his expulsion by the political administrators (4). Odio considers the creative legacy of language—in its character of poiesis—the dynamic mechanism of its essence and existence, as well as the opposition of political rulers to the poetic creators of truth. Due to their dissidence, they finish their days in sacrifice or in exile to ensure the good government.
Keywords: Linguistics, Literature, Philosophy of language, Poetics, Politics.

El musgo construye el camino hacia la esperanza… / Moss builds the path to hope…
0. Obertura
Dos años antes de la revolución cubana en 1959, la escritora costarricense Eunice Odio (1919/22-1976) publica una obra poética monumental: El tránsito de fuego (1957), en el «Departamento Editorial del Ministerio de Cultura», en El Salvador. Esta casi coincidencia de fechas —azar objetivo surrealista— resulta esencial para explicar el olvido inmediato que se le depara a este poemario. En efecto, desde 1956 con la fundación del Círculo Literario Universitario nace la generación comprometida. El clima intelectual se vuelve poco propicio al estudio riguroso de la filosofía y de cualquier reflexión sobre la lengua.
En palabras de Pedro Geoffroy Rivas, «los poetas jóvenes de El Salvador», «tienen miedo del canto», es decir, del carácter meta-poético de la poesía aunque se incite a «la liberación popular».[1] Hasta 2026, la lectura puede verificar la ausencia de la lingüística mesoamericana del currículo universitario, acompañada del abandono académico de las variedades coloquiales del castellano regional. Se desconoce su «rosa» (anthos) de «rojo estruendo». Sólo la ilusión imagina que existe la política sin el lenguaje, el cual nombra lo inexistente casi tres cuartos de siglo después (1956-2026): la presencia del futuro en el presente disímil.
Hacia mediados del siglo XX, los escritores, artistas y poetas perciben en la obra de sus antecesores una conjetura que tildarán de «metafísica». Sin mayor análisis filosófico, este término se volverá una manera peyorativa de descalificar todo escrito que no posea un impacto directo en la política. La esfera pública la entienden como el compromiso por una revolución inevitable, hoy fallida. La ilusión rebelde desprestigia la sutura entre la poesía y la filosofía —con mayor razón entre la poesía y la ciencia— para reclamar como única alianza válida el vínculo de la poesía con la política. Acaso así se prescinde también del enlace de la lírica con el amor, ante la relevancia de lo masculino. Quizás hasta la pasión amorosa (eros, ludus, pragma…) se disipe bajo la pre-determinación política de lo sensible, la cual destaca la amistad (philia) entre varones. En esta comarca, la cuestión de género (gender) se ofrece en una arista inefable hasta el siglo XXI, ya que varios secretos marcan los linderos culturales de lo imaginario.
El triunfo de la revolución cubana, primero, la preparación intelectual y el estallido de las guerras revolucionarias en Centroamérica, años después, motivarán el olvido al cual se consigna un vasto poemario de casi quinientas páginas. No en vano, la publicación salvadoreña de 1957 pasa desapercibida en el país natal y en el editorial de la poeta, salvo por una breve nota que la lectura revisará al final de este ensayo. La editora de las Obras completas (1996) de Odio en Costa Rica, Peggy von Meyer Chaves, no recoge una sola reseña aparecida en los periódicos nacionales.[2] El silencio de la esfera literaria salvadoreña reitera ese desdén por la poeta costarricense.
Si bien es cierto que Odio practica la teosofía y, desde principios de los años sesenta, se opone al proyecto político de Fidel Castro, no por ello avala los programas modernizadores, impuestos desde arriba, ni tampoco las dictaduras militares en turno. En Salarrué siempre se celebra la proveniencia atlántida y lemúrica de los náhuat–pipiles —contraria a toda antropología científica, pero arraigada en una idea imaginaria de nación en el axis mundi.[3] Por lo contrario, la poética odiana la explica el desdén. Como alternativa o resolución simbólica a la crisis del istmo centroamericano de la época, la teosofía ofrece un paradigma complejo que oscila de la derecha estatal —el general Maximiliano Hernández Martínez (1931-1934, 1935-1939, 1939-1944), apoyado por los masferrerianos— hacia la izquierda de César Sandino (1895-1934).
La oposición que hoy se percibe radical se congrega bajo una misma ideología filosófica que, en lo social, la identifica a un nacionalismo anti-imperialista común. Al enlazarse a una “política de la cultura” —según la Revista de la Biblioteca Nacional en 1933— los intelectuales teósofos no producen sino aquel hermoso “desastre” que el mismo marxismo oficial reproduce en la URSS. A menudo, la actualidad añora propagar esa herencia —en antecesora revolucionaria de un cambio posible— hasta que cual Juan Preciado advierta su reencuentro con Pedro Páramo (Petra/Roca). Se trata del terrible “espectro (Gespenst; Kujkul)” cuyos “ecos” lo guiarán al futuro entre los sueños (2025). Estos sueños no distinguen la ilusión del letargo, ni la apertura pública militar de la censura democrática.
I. Desdén
El formato mismo del poemario debería guiar la primera observación. Se trata de un diálogo y de una poesía a personajes. Bien podrá celebrarse en Taberna y otros lugares (1969) de Roque Dalton (1935-1975), abrir la poesía al conversatorio y concederle al poema un carácter novelesco, pero lo cierto es que, doce años antes, Odio anticipa ya esa innovación formal.[4] No sería difícil rastrear la fuente primera de esa orientación de la poesía en la interacción Yo-Ud(s)./Tú.
Ya sea que los personajes discutan de política, de filosofía, de amor, o de cualquier otro tema de interés, Odio nos muestra que el formato original de todo coloquio se lo debemos a Platón (428-348 ac). En efecto, el personaje principal de El tránsito de fuego se llama Ion. Este es el título de uno de los primeros diálogos socráticos sobre la poesía.[5] Formalmente, es platónica toda presentación de ideas que prefiera la conversación al ensayo. Sin una estructura plástica, el arte pictórico deja de ser tal, así como sin la materia fónica, sin el sonido ni la letra, el sentido se evapora.
Pero, el aporte de Odio no se limita a un formato en el desdén, ni a indicarnos que el platonismo muestra la manera más adecuada de exponer las ideas en la poesía. A ella le interesa también entablar una consulta con la filosofía clásica. De ahí que su poemario ofrezca una discusión de temas que, si bien no conciernen directamente a la política local, no por ello se tildarían “metafísicos”. En cambio, de manera prominente en sus escritos figura una interrogación sobre la esencia de la poesía.
Podríamos leer la lírica odiana como un tratado de estética, o un breviario de poética, del “arte poética” en el sentido borgeano. Más que una poesía propiamente dicha, se trata de una filosofía del arte, de una meta-poesía o de una poética estricta. Como en un compendio de lingüística científica, la actividad poética por excelencia la define una operación metalingüística: la lengua habla de sí misma, i. e. «la palabra perro no muerde; son dos sílabas». A una lingüística científica que cosifica la lengua, la poesía contrapone otra tendencia alternativa centrada en la experiencia misma del idioma. La ciencia de la lengua la sustituye y complementa la conciencia de la lengua al hablar y escribir.
Desde mediados de los cincuenta, el logro que varias generaciones obtienen en el impacto político inmediato, lo disipa una falta de profundidad poética y filosófica. Se dificulta conocer el significado de la poesía, si toda preocupación se agota en resolver la administración pública y el ejercicio de la política. No se sugiere que Odio solucione el problema de la esencia de la poesía. De leerla con atención, repararíamos que la única sustancia reside en el acto mismo y, por tanto, la poesía la reinventan cada poema y todo albur al expresarse.
Esta conclusión la reitera la lingüística del acto de habla —el idioma en acción— según la cual el código gramatical no agota la lengua, ya que omite analizar la interacción verbal del diálogo creativo y los juegos de palabras, al volcar los sonidos en sus varios sentidos. De excluir «los juegos de palabras», la jerarquía gramatical evade «la comprensión de» todo discurso como un verdadero «tema musical» que interpreta cada partitura formal en un intercambio vivo y variable.[6]
Sin embargo, la determinación absoluta de lo político implica el olvido de una obra clásica de la «Colección Poesía», la cual presenta una respuesta original y profunda a la filosofía del arte en general. Acaso un abandono más grave aún afecta también a otros poetas salvadoreños —tal cual Gilberto González y Contreras (1904-1954)— el gran excluido de la «Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña» (1996). Su obra ofrece la primera denuncia sobre la matanza de 1932. Pero, inédita en el país hasta 2025, testimonia cómo la memoria histórica comparte una amplia esfera nocional con su antónimo, el olvido, tal cual el día con la noche. Además, esta negligencia confirma que sin la apertura pública militar el canon literario no sustentaría la identidad nacional hasta el presente.[7] El silencio lo reitera el desdén nacionalista fundacional (1821) por los idiomas maternos, excluidos de la filosofía latinoamericana y de la identidad nacional hasta la actualidad (2025). A estos extravíos se agrega la indiferencia por estudiar las variedades de las hablas locales en su creatividad cotidiana.

II. Cuarteta
El poemario se halla dividido en cuatro secciones, a saber: I Parte: Integración de los padres; II Parte: Proyecto de mí mismo; III Parte: Proyecto de los frutos y Parte IV: La alegría de los creadores. Cada uno de esos módulos guarda una cierta autonomía, pero muestran una obvia continuidad.
Someramente, el ensayo revisa la secuencia que sintetiza así: Parte I: Big-Bang o el mito de creación de la lengua, del espacio-tiempo y de la lírica, al igual que materialización de la lengua y de la lírica; Parte II: la creación del poeta Ion y de su cuerpo, gracias a la recepción pasiva del idioma, de la poesía y del uso activo de la lengua; Parte III: el poeta o demiurgo crea una serie de objetos que le entrega a la humanidad y se dedica al oficio de la arquitectura para elevar la piedra, como arquetipo del mundo sensible; Parte IV: la festividad de los poetas, el retorno de Ion a su casa natal y a la ciudad que funda, así como la expulsión final del poeta de la república de administradores.
La temática central del poemario consiste en una reflexión del idioma, la poesía y la naturaleza lingüística del ser humano: zoon logos ejon, animal dotado de lenguaje. Odio parece sugerirnos que sólo subsiste quien es capaz de renacer a través de la palabra, esto es, ex-sistir al ponerse fuera (ex-) de sí. El formato en diálogo es esencial para comprender su propuesta. En verdad, el coloquio determina una experiencia de la lengua que rehúsa convertirla en un objeto de estudio. La vivencia significa no tanto hablar de la lengua, sino hacer que la lengua hable por nuestro medio en el diálogo.
A diferencia de la ciencia del lenguaje, de la lingüística, Odio se resiste a aceptar la oposición sujeto-objeto, que heredamos de la técnica moderna. Al tratar la lengua como una cosa, la ciencia la reduce a un simple sistema de comunicación, a una simple «herramienta (tool)». Este «utensilio» casi nunca considera que «al nombrar, el ser espiritual del hombre» se comunica con Dios por medio de los títulos con los cuales reviste cada objeto.[8] Asimismo, esa perspectiva utilitaria olvida la esencia creativa; relega la esfera performativa del idioma a un ámbito secundario, a la vez que desdeña la lengua como vivencia dialógica. La poética revierte la primacía de la estructura gramatical sobre el acontecer mismo del idioma. Por el «diálogo», el poeta transcribe la palabra vivida que no «in-forma», sino «forma» a los participantes sobre la temática a desarrollar.
Odio nos sugiere recibir el idioma pasivamente como una dadiva, aquello que los lingüistas científicos perciben codificado en el ADN o en el genotipo lingüístico desde el inicio de los tiempos. Mejor aún, se trata de la escena primitiva del psicoanálisis durante la cual el sujeto acoge la lengua materna y se constituye en cuanto tal: individuo hablante (yo) y también oyente desde su encierro fetal en las aguas maternas (tú). Sin ahondar en el ADN, la escena psicoanalítica primitiva remite a un complejo nocional cuyas huellas invisibles resultan inauditas, pero pre/inscritas siempre en «las señales mnésicas» del cuerpo humano prenatal. Hasta «la infancia de Dios/…hablaba en una sola sílaba…el objeto terrestre,/fundado en un suceso de palabra total», mientras la lengua «se mueve resbalando…de sombra a luz», hasta adquirir la «dádiva» del habla.[9] Sólo gracias a ese acto de recepción en el líquido amniótico —luego de expresión— el poeta hace suya la propiedad fundacional del idioma.
Es importante traducir «crear», «hacer», «componer» y otros verbos afines, por el sustantivo y verbo griegos poiesis y poiein, del cual deriva el sustantivo castellano poesía. En efecto, la primera esencia de la poesía presupone la creación y, viceversa, todo acto creador resulta poético. El poeta es un hacedor, un progenitor. La esencia de la poesía es realizarse en el acto mismo de creación. En la teoría lingüística reciente el acto poético equivale al performativo —“hágase la luz…”; “los declaro marido y mujer”; “se decreta la ley…”— en el cual la palabra adquiere el poder jurídico y político de establecer los hechos que nombra.[10] Antes que describir, por la autoridad del hablante, la palabra poética prescribe el ser de las cosas. El ser de las cosas, el humano lo construye y discierne en el habla. Incluso, el axioma cartesiano «pienso, luego existo» presupone su expresión lingüística obvia: «pienso, hablo/escribo, luego existo».[11] Culturalmente, «no hay cosas sino para el pensamiento hablado».
Al recibir la gracia del idioma —al servirse de la lengua para engendrar el mundo y recrearse a sí mismo— el poeta define su tarea como imitación fundacional. La poesía remeda la naturaleza. Sin embargo, este calco no consiste en copiarla fotográficamente, ni tampoco en reproducirla fielmente en un lienzo cartográfico. Más bien, se trata de apoderarse del mecanismo de (re)producción de la naturaleza, con el objetivo de fundar un proyecto individual y colectivo utópico, esto es, el ideal revolucionario de las generaciones subsiguientes.
Desde 1916, la obra de Walter Benjamin anticipa la poética de Odio. Si el ser humano acepta el don del lenguaje, reconoce su responsabilidad por «nombrar las cosas» al traducir el «lenguaje mudo del mundo» de acuerdo con su «esencia espiritual».[12] Pero, rara vez se interroga que la pluralidad de las lenguas engendra una «sobre-nominación», la cual no existe en El Salvador por decreto literario monolingüe. Así se multiplican los seudónimos de las entidades hasta provocar un nuevo «silencio». La utopía artística anhela unificar esa diversidad abismal bajo un insólito lenguaje edénico inventado, de acuerdo con el precepto de Adán: «llamó por sus propios nombres a todos» los objetos del mundo.[13]
En verdad, si por el idioma Dios opera la creación del universo, a su vez, el ser humano lo obtiene como dádiva que completa el Génesis en su carácter fundacional. Los primeros veintiséis versículos confirman el uso reiterado del imperativo categórico, el performativo edifica la antesala de la descripción.[14] El uso «indicativo del lenguaje» decae bajo la orden de la ley, cuya «palabra…constituye un mandamiento».[15] Así, al otorgarle un «nombre propio» a cada entidad, el poeta entabla una «comunión» con la «palabra de Dios» y «completa la creación».[16] Pero, no es «la virtud del arte» la que guía la obra, sino el «estar inspirado y poseído», «sin razón» y hablar por el «don divino», según Sócrates.[17] «Los poetas son los intérpretes de Dios».
Desde otra perspectiva, la «esencia lingüística de las cosas» presupone que esta sustancia se acercaría más a la (bio)química que a la subjetividad poética, tan variable como «la espiritualidad» del hablante (Yo). Quizás… Asimismo, en un país de volcanes, el olvido de las ciencias naturales lo certifica la falta de intercambio entre la literatura monolingüe y la geología, la vulcanología, la botánica, la etnología, etc. Por lo contrario, el diálogo platónico predice el intercambio fluido entre las artes y las ciencias, hoy sin correspondencia, a saber: «el arte de la aritmética…el del piloto, el de la medicina…por la arquitectura, el del pescador, el del rapsoda, el militar»; «el diseño es una ciencia».
II. I. Nación natural
Como es sabido, la palabra castellana «naturaleza» proviene de la traducción latina del griego physis, pero se dota de un sesgo singular. Interesa resaltar que la «naturaleza» y la «nación» poseen la misma etimología, a saber: natura, nasci, nacer(se), provenir de sí mismo. Es natural y nacional, quien se apropia del principio que regula el movimiento, el reposo y la transformación. El modelo político odiano se equipara al de una nación de poetas. En esa república utópica, cada uno y, por tanto la nación entera, es capaz de engendrarse de manera autónoma por el uso de la palabra. Sólo entonces, Odio sugiere, nos abrimos, es decir, ex-sistimos plenamente. La segunda esencia de la poesía consiste en hacer que las cosas se abran: ex-sistan, se coloquen por fuera de sí (ex-) y se hagan públicas gracias a la palabra.
A esa formación existencial de los ciudadanos, los griegos la llamaron Paideia; los románticos, Bildung. El poeta es un formador. El(la) desciende del líquido primordial al mundo sensible. Sale de sí y existe por la palabra, todo ello con el objetivo que cada uno de los mortales encuentre su naturaleza y su esencia inteligible. Pero, en verdad, encontrar «su naturaleza» significa reconocer el principio que produce en cada uno de nosotros, y en la nación en su conjunto, la movilidad, el desarrollo integral. La ciencia que permite ese despliegue histórico, Odio la llama «arquitectura», en su jefatura edificadora que eleva la piedra. Este oficio lo entiende como manera de fabricar que las cosas asciendan y encuentren sus principios u orígenes (arkh) fundadores. La poesía hace que el ser humano emerja de la caverna fetal y transcurra de contemplar las sombras acuáticas a observar la luz terrenal, gracias al texto de la lengua.[18] En ese instante, la estética subjetiva del mundo expresa su vivencia como un «milagro» plasmado en el arte (tekhne).[19]
Odio no podría captar la enseñanza platónica con mayor sagacidad. Sin las artes (tekhne), en una nación dominada por la avidez de riquezas, o bien por el fanatismo al deporte, se genera sea un gobierno aristocrático, sea un predominio de la violencia, o peor el imperio de lo privado (idiota). Este territorio dificulta cualquier arte de la discusión razonada y de la palabra. El poemario concluye con la confrontación entre dos formas de posesión del mundo: una por medio de la palabra y la otra por el trabajo y la administración. El tránsito de fuego repite el tema platónico de la exclusión de los poetas de la república. Sin embargo, en lugar de oponer la poesía a la filosofía, el mito al logos como en Platón, Odio enfrenta a los que se preocupan por la administración estatal y el trabajo agrícola, con quienes arraigan su origen en la palabra poética. Queda por resolver si esas posiciones antagónicas se complementan al imaginar la nación utópica en su calidad natural y uniforme en el lenguaje. La lectura lo sabrá, así como debe averiguar el problema sobre la autodeterminación corporal de la mujer en ambos casos.
III. Final
Odio confía en la facultad transformadora de la poesía. Quizás por ello, pese a su olvido, sea una verdadera antecesora de las generaciones jóvenes. A nivel de lo imaginario, la oposición entre los administradores públicos y el poeta Ion anticipa el papel de la poesía como un régimen específico de la verdad, al ofrecer el núcleo fundacional y dispensador de utopías. Alejado de toda burocracia académica y estatal, Ion sucumbe ante la dirigencia. Así lo atestigua Odio misma —en la diáspora literaria— y lo testimonia el asesinato de Dalton en El Salvador, entre otros. Acaso en revolución sinódica hoy se recicla en el exilio y en la exclusión, al prescindir el diálogo con la diferencia.
Prosiguiendo el esquema freudiano del padre primordial, el poeta sufre el rechazo y, a veces, la inmolación crístico-platónica, antes de su canonización postrera. Se trata exactamente del mismo paradigma que reitera el cubano José Lezama Lima, el cual el «marxismo» salvadoreño más riguroso calca según el precepto del eterno retorno: los poetas son “los obligados al sacrificio […] los primeros en la inmolación”.[20] En los poemas —»Sobre el negocio bíblico» y «Credo del Che (Jesucristo)» o «Cristo Guevara»— «Jorge Cruz» confronta dos lecturas opuestas de La Biblia que legitiman la guerra civil: la eliminación del enemigo; «no matarás», excepto a tu oponente.[21] La una proviene de los «Generales» y la otra, de la guerrilla, en una lucha armada religiosa.[22] Ambas versiones se reconcilian en justificar la muerte del adversario para salvar la democracia —de derecha a izquierda— al igual que en sacralizar el martirio del compañero, muerto en combate.
La poesía des-encubre una realidad tan sustancial como la evidencia política, científica, amorosa, religiosa, etc. Esta cuestión deja pendiente resolver el dilema del poeta que se vuelve administrador, cuya única respuesta la ofrece Alain Badiou en el “desastre” que vincula la poesía a la política institucional.[23] En el momento del enlace, la verdad la encarna un individuo al cual se le debe obediencia como dictador o mesías, el antónimo de Odio. Su veredicto —su «dicho verdadero»— se confunde con la única verdad. Si el marxismo aceptara la historia del «comunismo» en el país reconocería la diferencia, difunta o en el exilio. Sin mayor detalle, una cronología posible sería la siguiente: el «comunismo primitivo», las tierras comunales/comunistas diversas en el tiempo y en las comarcas hasta 1882, el ideal comunista por restaurar las tierras ancestrales, los comunismos teosóficos, los comunismos marxistas académicos, el partido comunista, los varios comunistas guerrilleros (ERP≠FPL≠RN…), las comunidades de base, la teología de la liberación, etc.[24] El rechazo de este desacuerdo fundacional provoca el naufragio de las experiencias locales bajo un solo dictado (Dichtung) que resume la totalidad. Por una sola palabra performativa que las engloba —»representante del pueblo»— la conclusión de Odio anticipa el exilio o el sacrificio de toda poesía que no se someta a la jerarquía en boga, a la autoridad que nombra el mundo.

«El Cateo» por Roque Dalton. Ilustraciones de Freddy. Sin fecha ni editorial.
El escritor que sufre «el cateo…urge…unificar todas las fuerzas obreras del país», además de transcribir el testimonio de su encuentro con «»el ratoncillo…Cecilio»», «aseado y poco conservador». Este relato insólito causa el desasosiego del oficial declarante, al confesarse culpable. Luego de «fusila(r)» al escritor, notifica que su acto resulta tan inmoral como «la lucha ideológica» que «sacrifica» al poeta para lograr la utopía. Así se cumplen «el ideal dórico» de Lezama Lima y el platónico de Odio, al expulsar al poeta de la ciudad o «inmolarlo», para lograr la unidad del buen gobierno.
Al axioma lingüístico de la poiesis se ciñe incluso aquella generación comprometida que desdeña el legado metafísico de Odio. Al discurrir poéticamente funda el ideal revolucionario como primacía del habla ante el hecho. Justamente, la palabra admite su propio descalabro y, en paradoja, eleva la acción al podio que le corresponde a sí misma, hoy sin vivencia: “poesía/perdóname por haberte ayudado a comprender/que no estás hecha sólo de palabras”; “actions speak louder than words”, frase publicitaria.[25] Como la acción innominada, los hechos sin palabras quedan excluidos de la razón histórica humana, ya que la lengua le otorga el valor a lo nombrado: “no sólo de palabras”; “actions”.[26] Pero la palabra señala el acto mismo que rebasa el habla, que discute consigo misma sin referirse al mundo. La palabra revela que «la práctica» pretérita es la «madre de la verdad», hoy deshecha sin acción.[27]
Por sentencia odiana, la poiesis vuelca la experiencia humana en relato —sea poesía o prosa, hecho o ficción— hasta otorgarle una significación cultural: «del hecho al dicho, se escribe la historia». El paso del suceso histórico al testimonio presupone esa reflexión poética que, por los embragues (shifters) del habla, vuelcan la vida en idioma. Los hechos vividos permanecen en “la huella” de esa “espuma” que “queda en los bordes” de la palabra. Difícilmente se acepta que «la muerte no cambia el mundo, sino interrumpe» su acontecer.[28] En términos de Platón, sólo permanece vigente «la imitación del lenguaje» que sustituye el objeto real en «su uso y fabricación», durante «el juego» que sustituye «la acción», muy «lejos de la verdad».[29]
Pero también, Odio nos conduce a los albores de una discusión filosófica sobre la esencia de la poesía, esto es, de la lengua como poiesis intrínseca. No sólo propone entablar un diálogo crítico con los filósofos clásicos como Platón, entre otros. A la vez, formula una lingüística performativa y creadora más que descriptiva, ya que la palabra entrega el ser creativo de las cosas. Ese ser actualiza una visión de la dinámica entre la esencia del ente y la existencia, entre el ser-en-sí y su ser-cultural por la palabra. Por todo ello, el mayor homenaje que podemos hacerle consiste en comentarla y releerla de manera crítica.[30]
He aquí una corta selección de la Parte I, en el momento en que la lengua comienza a expandirse y engendrar el espacio-tiempo. Leamos la versión odiana del Big-Bang. Se trata de ese instante creador que la lingüística científica actual denomina “genotipo” —el idioma codificado en el ADN— y el psicoanálisis lo denomina “escena primitiva”, durante el encierro acuático fetal:
Nada estaba previsto.
Todo era inminente.
Un día después de un tiempo inmemorial,
mientras el cielo se movía de pie,
de un ojo a otro;
y se pasaba de un corazón a otro
en las ciudades,
el orden del vacío preparaba
una palabra que no sabía su nombre.
(La palabra, aquella, del tamaño del aire).
También, potencia descansada, el viento,
alzado tumbador de estrellas,
desde el trueno que escucho sin memoria
esclarecer para contar ángeles,
rasgaba los templos ardorosos
[…]
Los ríos conjugándose, ordenándose en sílabas de agua,
trasoían su límite de peces y de fuego
Apenas se escribían los frutos y los niños,
con el palote antiguo que reunía los verbos
antes en libertad, acéfalos, sin vías
en la ruta de una mañana eterna.
[…]
Y se dice que el objeto terrestre,
fundado en un suceso de palabra total,
vertebralmente se mueve resbalando sin fin,
fluyendo en cantidades de sombra hacia la luz,
hasta que una palabra del tamaño del aire lo detiene.
Y acampe un poco de tierra. No es que acampe,
es que establece un vértice pomposo,
integérrimo;
viene de un movimiento
que se tornó en secreta caída tutelar.
Su espacio se repliega,
en su labrado sueño persevera,
avanza por un ojo coronándose,
y claramente posa su borde natural,
para sellar la enunciación del trigo.
(Después no se ha sabido
cómo ascendió a la lengua en figura de trigo,
cuando pudo ser ala y vivir dulcemente.)
Pero entre tanto,
y mientras el azúcar se alza con sus cuatro costados preferidos,
un anticipo de aire, un soplo de oro insipiente,
le abre el color desde la nieve al trino.
De masa en masa,
hálito combativo la acompaña por todo su dominio,
de una especie a otra,
de una especie, al origen translúcido de su orden,
de la flor a su causa intransferible, según la cual,
la rosa,
sólo cabe en su diandro sonido,
en cuyo alto transcurso un pétalo se anuncia
con voluntad de seda vigilante,
callada y contenida de cerca por el polvo,
ornada y bien parida de lejos por el aire.
¡Oh causa intransferible de la rosa!
Según la cual, la rosa, sólo cabe en la rosa que la ciñe,
más que aquella otra que encerraba
la que nadie sabía quién era;
hasta que al fin, de día en día repetida,
secretamente hallada por el labio,
de pronto adivinaba la memoria,
llegó a ser Una,
impredecible,
rosa,
por quien todos preguntan teniéndola de espaldas
y saben que es la rosa, su criatura,
en cuya piel, por cándido ejercicio,
una abeja cambió su pecho nuevo
por un pecho de ángel.


Desde las primera línea, Alfonso Orantes expresa el asombro que «una mujer poeta escriba» un poemario tan vasto y complejo. Pero, aún dicen que la teoría de género no se aplica al canon de la literatura monolingüe salvadoreña. No se sabe si el complejo concepto de «libertad» —¿invariable de 1958 a 2025 en los actos cambiantes de la ley?— se aplica a la autonomía de la mujer sobre su propio cuerpo.
Comentarios bibliográficos adicionales
. V. Acosta, Poesía, 2013, Joaquín Meza (selección) y Ricardo Roque Baldovinos (introducción), cuya temática principal “Eróticas” la encubren las doce “palabras contra el olvido” de los varones ensayistas. Por una ambigüedad propia al castellano, “esto no es una cuestión de género” (genre and gender, Baldovinos) —literario, gramatical ni sexual— implica que “la formación de la literatura nacional” excluye a la mujer. Para rematar el enlace único de la poesía a la política, la apología actual de Acosta la difundiría una «Ciudad Mujer», en emblema de identidad nacional masculina que le niega la autonomía sobre su propio cuerpo
. V. Aleixandre, Poesía surrealista, 1977. La «magia» del lenguaje presupone que una palabra concreta —»mango; ser humano»— nombra un número infinito de entidades y, por tanto, todo término abstracto —»libertad; democracia, etc.»— dificulta aclarar su significado preciso. «Lo uno» representa «lo múltiple». Se aplica la lingüística benjaminiana: «el problema fundamental de la teoría del lenguaje…(es) calificar…su magia…su carácter infinito» en toda palabra concreta y abstracta (2020: 39).
. L. Alvarenga, “La generación comprometida”, «http://istmo.denison.edu/n21/articulos/11-alvarenga_luis_form.pdf» http://istmo.denison.edu/n21/articulos/11-alvarenga_luis_form.pdf y I. . M. Hernández, “Roque Dalton y la generación comprometida”, Cartaphilus, 6, 2009: 129-142. “Cincuenta años de la generación comprometida”, Revista Cultura 93, mayo-agosto 2006. Aún no se sabe si la teoría de género se aplica a la revolución sinódica masculina, la cual casi nunca implica la autonomía corporal de la mujer. También se ignora si siempre debe expulsarse todo debate que no exalte a «los héroes de la pluma», ya que la «bendición» presente testifica de su muerte.
. J. L. Austin, How to do things with words, 1962. No existe una frontera estricta entre el carácter descriptivo del lenguaje y el atributo performativo que decreta el orden jurídico del mundo. De proseguir la filosofía de Wittgenstein (2001: 519), «el imperativo es una imagen de la acción que se ejecutó…pero también…de la acción que debe ejecutarse. De este retrato de la realidad proviene la confusión habitual del performativo con la descripción
. A. Badiou, Le séminaire, 1986-1987. Sin dueños, la verdad refiere un concepto anónimo, impersonal y terreno. Petit manuel d’inesthétique, Paris: Éditions du Seuil, 1998: 87. Al personificar la verdad se instaura el dictado estatal.
. N. Chomsky, Syntactic Structures, 1957/2002. La lógica gramatical también engendra el sinsentido. «Colorless green ideas sleep furiously«.
. R. Dalton, Los poetas, Manuscrito, 1964, novela antecesora de la póstuma Pobrecito poeta que era yo… (1976), en las cuales la actividad intelectual de la generación comprometida les corresponde a los varones. No existe una voz autónoma de la mujer.
. R. Dalton, Poemas clandestinos, 1980. Sin guerrilla, la validez presente de la poesía guerrillera empaña la conversión de los hechos en palabras. La vigencia actual excluye la experiencia de la vida y, ante todo, la de la muerte.
. S. Freud, Tótem y tabú (1913), Moisés y el monoteísmo (1939). El modelo del chivo expiatorio o víctima sacrificial —sacrum-facere o hacer lo sagrado por la muerte ritual, en el combate para Dalton— desglosa uno de los meollos antropológicos de S. Freud, el cual desarrolla de Tótem y tabú (1913) a su última obra, Moisés y el monoteísmo (1939). La inmolación del fundador simbólico del grupo social —Ion en Odio— resulta una condición necesaria de su sacralización póstuma. Lo tardío de la denuncia —olvidar la culpa del pecado original en Freud— lo demuestra que hacia 1990, dos años antes de los Acuerdos de Paz (1992), la izquierda académica aún no se atreve a nombrar al ejecutor del poeta. De lo contrario, menoscabaría la moral del grupo en lucha, bajo el liderazgo fratricida, véase: J. Beverley and M. Zimmerman, Literature and Politics in the Central America Revolutions (1990), para esa ratificación freudiana de “su muerte la envuelve el misterio”. Por axioma psicoanalítico, del destierro o del sacrificio de Ion surgen escuelas de pensamiento que honran su obra en expiación.
. M. Heidegger, On the way to language, 1982. Existe una distinción entre la ciencia y la experiencia del lenguaje. La primera hace explícito el idioma como objeto a estudiar; la segunda prosigue el habla en su objetivo creador, receptor, y de intercambio inmediato.
. J. Lezama Lima, El reino de la imagen, 1981. Acentúa el destino sacrificial del poeta.
. O. Mejía Burgos, Aliados con Martínez, 2015. Documenta el apoyo del Grupo Masferrer al general Martínez.
. Revista de la Biblioteca Nacional, a partir de abril de 1932 documenta la apertura de la esfera pública militar quien forma el canon literario nacional, hoy bajo custodia. Esta diseminación de la identidad poética, la continúan la Revista El Salvador de la Junta Nacional de Turismo (1935-1939) y la Revista del Ministerio de Instrucción Pública, hacia 1939-1944. Su antónimo —la censura editorial del oponente— la propicia la «democracia», sin un diálogo abierto con las versiones adversas sobre lo mismo: 100≠5×20 (sistema vigesimal mesoamericano), etc.
. A. J. Robb, «El ser sexual en la poesía de Eunice Odio», 2006. Se atreve a examinar el «orgasmo textual» en Odio, una temática «repulsiva» para los estudios culturales, pese a entablar «otro diálogo entre el poeta y el pueblo». Al exigir la sinceridad de la palabra, Dalton (1977: 63) asocia «la palabra» con «la mujer en el momento del amor» y «de la muerte», al unir los contrarios de Eros y Thanathos en el veredicto de los falsos «profetas».
. Salarrué, Catleya luna, 1974 y L. Araujo, Nahuatlán (Cuzcatlán). Cuna de la civilización, 1937, quien rastrea el origen atlántico y lemúrico de los indígenas salvadoreños, difusores de la civilización mesoamericana y mundial, por axioma nacionalista hasta la segunda mitad del siglo XX. En la actualidad, la filosofía latinoamericana rechaza el diálogo con la lingüística mesoamericana que falsifica esa creencia sin un mínimo análisis de los idiomas maternos.
[1]. Pedro Geoffroy Rivas, «Tienen miedo del canto», Diario Latino, 28 de abril de 1956.
[2]. Odio, Eunice. Obras Completas. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica/Editorial de la Universidad Nacional, 1996. Editora: Peggy von Mayer Chaves. I Tomo: «Poemas dispersos; Los elementos terrestres; Territorio del alba y otros poemas; Cuentos; Epistolario». II Tomo: «Ensayos; Reseñas; Biografía de Alejandro Fleming». III Tomo: El tránsito de fuego (Primera edición: Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, 1957). Véase la ilustración final.
[3]. En palabras de Sócrates, quien interpreta adecuadamente a un autor, no aplica «un arte ni una ciencia; en cambio, se halla «poseído» por su obra magistral (536b); transmite «el don de la divinidad» (536d), acaso la religión nacionalista. Platón, Ion ou sur l’Iliade. Traduction de Louis Mertz, 1903. https://ent2d.ac-bordeaux.fr/disciplines/lettres/wp-content/uploads/sites/16/2020/03/Platon-Ion-texte-int%C3%A9gral.pdf.
[4]. Roque Dalton, Taberna y otros lugares. La Habana: Casa de las Américas, 1969. Si «el ser social determina la conciencia social» (La Pájara Pinta, febrero de 1969), de reclamar la vigencia, parecería que en medio siglo ambas coordenadas no varían. Queda por determinar el lugar del lenguaje que expresa tal axioma.
[5]. Platón, Ion. Edited with Introduction and Notes, by John M. Cooper. Indianapolis/Cambridge: Hackett Publishing Co., 1997: 937-949. http://timothyquigley.net/ipa/plato-ion.pdf, cuya traducción inglesa reclama que «la posesión divina» suple «la carencia de saber» en el poeta y en el rapsoda, acaso el intérprete actual de las obras maestras, esto es, la teocracia poética. Queda pendiente averiguar las restricciones sobre la temática que se admite y las otras que la autoridad destierra del estado ideal.
[6]. Ludwig Wittgenstein, Recherche philosophiques. Paris: Gallimard, 1953/2001: 527. La propuesta de Wittgenstein estimula estudiar el idioma coloquial en su creatividad poética olvidada, a saber: adivinanzas, bombas, refranes, trabalenguas, etc. Tal cual lo predice Platón en Ion (540b), «el rapsoda (Ion)…(pretende) conoce(r) el lenguaje» de todos los estratos sociales, pero Sócrates cuestiona la diversidad coloquial sin un estudio serio.
[7]. Gilberto González y Contreras, «La tragedia social en El Salvador», Bohemia, marzo de 1934: 10, 46 y 51. https://dloc.com/fr/UF00029010/00033/pdf.
[8]. Walter Benjamin, «On Language as such and on the Language of Man». En: Reflections. New York: Schocken Books, 1978: 314-332. Edited with an Introduction by Peter Demetz.
[9]. Odio, El tránsito del fuego, 1996: 18 y 19.
[10]. En 2025, la vigencia profesional del performativo la describe el desdén por el desarrollo científico y tecnológico bajo la orden de lo «jurídico». Al menos, «la medicina» sobrepasa su demanda, pero aclara que el imperativo de la ley judicial suplanta la ley natural. https://www.eldiariodehoy.com/noticias/nacionales/doctores-abogados-y-contadores-las-profesiones-mas-estudiadas-en-la-ues/54022/2025/.
[11]. Pierre Hadot, Wittgenstein et les limites du langage. Paris: J. Vrin, 2010: 90. Se reescribe la propuesta de M. Merleau-Ponty para quien la filosofía suele «olvidar el lenguaje», tal cual en El Salvador la confirman los idiomas maternos y los lenguajes coloquiales en el silencio, ya que jamás se anhela «recobrar…lo perdido».
[12]. Walter Benjamin, Philosophie du langage, Paris: Payot, 2020. Traduit de l’allemand par Frédéric Joly; Préface de Sébastien Smirou; «On Language as such and on the Language of Man». En: Reflections. New York: Schocken Books, 1978: 314-332. Edited with an Introduction by Peter Demetz.
[13]. Se cita La Sagrada Biblia. Traducida de la Vulgata Latina en Español por Félix Torres Amat. Buenos Aires: Editorial Sopena Argentina, 1950. Holy Bible. Authorised King James Version». New York: Oxford U. P., 1967, Génesis, II: 20. Véase también el postulado platónico «otorgarle una cierta forma, y una sola, para cada grupo de objetos múltiples», La république, libre X: 596b. https://mlasagesse.fr/Fichiers-Notions/Platon-Philosophie-et-Art-Republique-X.pdf
[14]. Génesis, I.1-26 establece el imperativo categórico y el infinitivo —descripción de la acción divina, «dar nombre, llamar, hacer, criar…»— en antecedentes de la cartografía narrativa de lo real.
[15]. Hadot, 2010: 14 y 88.
[16]. Benjamin, 1978: 324 y 319.
[17]. Platón, 533e-534e.
[18]. En El reino de la imagen (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1981: 361, 338 y 292), José Lezama Lima reitera el contenido de «la noche» en su caverna «placentaria» que, como la semilla, le ofrece «la fértil oscuridad» al brote. La «imagen» vegetal asegura que la poesía proviene de «las grutas» o «moradas subterráneas», metáfora del vientre materno y «de lo nacido» .
[19]. Hadot, 2010: 15-16.
[20]. Lezama Lima, 1981: 306. Para la conversión católica de Marx en El Salvador, véase mi ensayo «Marxismo cristiano. El «gran martirio» del «Padre Aquino» según Roque Dalton (García)». https://argus-a.org/publicacion/1906-marxismo-cristiano-el-gran-martirio-del-padre-aquino-segun-roque-dalton-garcia.html. Desglosa los conceptos elementales del materialismo histórico y dialéctico en el trópico hacia el Mar del Sur: vida como vía crucis, revuelta, martirio, sacrificio, siembra y retoño, resurrección, etc.
[21]. Éxodo, XX: 13 y Mateo, V: 21. Todo depende de la interpretación traductora, ya que «pro-vida» suele conjugarse con pro-armas, pro-guerra, pro-pena capital.
[22]. Roque Dalton, «Poemas para salvar a Cristo» de Jorge Cruz (1939), en Poemas clandestinos, S/Lugar: Publicaciones «Por la Causa Proletaria, RN-FARN», 1977: 21-22. La «Introducción» confirma el arraigo religioso de la lucha guerrillera: «Roque Dalton y Pancho son dos mártires de la lucha ideológica» (I-II).
[23]. F. Darmau, D’un désastre obscur, Paris: Ed. de l’Aube, 1991″, Ville et Societé, 1992: 161. «La muerte del comunismo» plantea la multiplicidad de sentidos que obtiene una palabra, más allá «de Un-partido».
[24]. «Recuerdos sobre el querido compañero Roque Dalton», Comandante Marcial, 30 de diciembre de 1982. «Me dijo frente a los compañeros de su dirección: «Que lástima…que no puedo…estar con usted…en las FPL»…poco reflexivo…como miembro de otra organización» (ERP).
[25]. Dalton, «Arte poética 1974», en: Poemas clandestinos, S/Lugar: Publicaciones «Por la Causa Proletaria, RN-FARN», 1977: 16. Reitera el famoso refrán, «del dicho» guerrillero pretérito, «al hecho» actual sin guerrilla, «hay un gran trecho» temporal y vivencial, «sin participación directa en el combate» (1).
[26]. Léase también la paradoja del dicho «una imagen vale mil palabras», lo cual significa «cinco (5=1000) palabras le otorgan el verdadero valor al silencio de la imagen».
[27]. Dalton, 1977: 42.
[28]. Hadot, 2010: 10.
[29]. Platón, La république, Livre X: 599c, 602c y 603b. Según Wittgenstein (1953/2001, 43 y 40), la paradoja confunde la «significación de un nombre» con la entidad «que lleva el nombre». Si «el portador del nombre muere», «la significación del nombre» permanece en su ausencia. En Dalton (1977:49), la muerte endosa la permanencia «en palabras…calando en el corazón popular» de «la ultraizquierda», quien declara el mea máxima culpa.
[30]. De escuchar la epistemología náhuat, por fin, la filosofía y la literatura monolingüe apreciarían su inserción en el triángulo nocional «saber, –mati«, «conocer o saber visual, -ix-mati» y «creer o saber cordial, -yul-mati«. Este trío nocional traduce tres maneras de nombrar el «agua»: «H2O y contaminantes; hacerla potable y distribuirla a todos los hogares», «el agua que bebo» y «el agua baptismal».

Rafael Lara Martínez. (El Salvador, 1952). Antropólogo, lingüista, crítico literario y escritor. Recibió en 2011 el Premio Nacional de Cultura y le fue otorgada la distinción de «Notable Antropólogo de El Salvador» por parte de la Asamblea Legislativa. Realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México donde obtuvo el grado de licenciatura en Antropología lingüística en 1976. Alcanzó el doctorado en Lingüística en Francia de la Universidad de la Sorbona en 1984. Ha fungido como asesor del Ministerio de Educación de El Salvador (MINED) entre 1994 y 1995; y se ha desempeñado como catedrático en México, Francia, Costa Rica, Estados Unidos y El Salvador en varias materias que incluyen la literatura española y francesa, cultura y literatura latinoamericana, literatura centroamericana, historiografía literaria latinoamericana, lingüística, antropología y semiótica, entre otras.
Entre sus obras destacan: Estudios lingüísticos sobre el kanjobal (maya) (1994); En la humedad del secreto, antología poética de Roque Dalton (1994); El Salvador: poesía escogida (editor, 1998); Otros Roques: la poética múltiple de Roque Dalton (coeditor, 1999); La tormenta entre las manos: ensayos polémicos de literatura salvadoreña (2000); Ensayos sobre antropología y literatura, entre ciencia y ficción (2004); Poesía completa de Roque Dalton (coautor, 2005); Recordado 1932 (coautor con Héctor Lindo-Fuentes y Erik Ching, 2007/2010); Del dictado: Miguel Mármol, Roque Dalton y 1932, del cuaderno (1966) a la “novela-verdad” (1972) (2007); Poesía completa de Pedro Geoffroy Rivas (2008); Balsamera bajo la guerra fría (2009); Mitos en la lengua materna de los pipiles de Izalco en El Salvador de Leonhard Schultze-Jena (traducción-interpretación, 2011); Política de la cultura del martinato (2011), El Bicentenario: versión alternativa (2011), y El legado náhuatl-pipil de María de Baratta (2012).
