Agustín Guambo del futuro

La poesía es la clave para el prólogo de un libro de poesía. En este caso, el libro que reúne los tres poemarios del ecuatoriano Agustín Guambo: «Ceniza de rinoceronte», «Primavera nuclear andina» y «Machinehead», y que recientemente fue editado en Perú bajo el título «Cráneo de mar sobre páramo andino». Una trilogía cuyo universo dialoga con este texto y con varias de las discusiones alrededor de la poesía andina

Miguel Gil Castro│Poeta y antropólogo peruano

Prólogo

Si los postindios del futuro todavía saben leer, la vida de todos ellos, en todas partes, no se habrá perdido. Se tendrán también noticias de ellos como existen sobre los chatbots y sus jefes; aparecerán sus imágenes. Así es, y por ser así y como hasta ahora está escrito, yo hablo aquí sobre la obra de Agustín Guambó, humano del futuro, neosalmista, profeta del Chinchaysuyo, ciborg mestizo, canibalizador del padre, kamaq ecuatoriano, futurista andino. De eso, de todo eso ha de quedar escrito aquí (la memoria), con respecto a cada libro y cómo es y fue la Pachamama desde que aparecieron.

Capítulo I

«Cómo fue que «Ceniza de rinoceronte» se elevó como símbolo de un amor que unificó un imperio vencido»

La identidad andina, durante los quinientos años anteriores a la aparición de Agustín Guambó era un problema que las ciencias sociales de la época, específicamente la antropología, trataban de explicar, pero persistía en su irresolubilidad. Esto era muy evidente, durante épocas electorales: más, Agustín leyó en cielos, para nosotros oscuros, constelaciones olvidadas que auguran un nuevo pachakuti.

Ceniza de rinoceronte fue una oda al amor, desde Kito hasta Lima. El abrazo entre descendientes de las panacas de Huascar y Atahualpa fundiéndose para reunir y restaurar las dos partes en las que, al crecer tanto, se había dividido el Tahuantinsuyo. Ese amor era una nueva manera de interpretar la realidad, un Tahuantinsuyo 2.0, un Tahuantinsuyo GPT. Agustín había reescrito bienaventuranzas y entre sus versos aparecían canciones en inglés y en quechua como glitchs. Apenas había llegado a Lima y ya había notado lo que descubrimos con horror, cada día, quienes habitamos sus márgenes. Lima descuartizada y hermosa. Como Agustín supo que el Manifiesto Comunista era el gran poema épico de su siglo y sería leído en el futuro como tal. Marx sería un buen shamán en el siglo XXIII, propuso y coincidió con lo que sostuvo Bloom (5499) respecto a Freud. Estamos de acuerdo. Punks andinos brotan del vientre húmedo de las flores e imágenes nuevas de Agustín le hacen al idioma lo que la primavera nuclear andina, a los cerezos. En el espacio temporal detenido, en el que ocurre Ceniza de rinoceronte, Agustín es y no es, consume o transita plantas sagradas de manera juguetona con el mismo respeto que los niños imprimen durante el vacío infinito de posibilidades en el que transcurre el juego. ¿Cuántos milenios esperaste, Agustín, antes de convertirte en piedra?

Capítulo II

«Cómo ascendió Agustín Guambó con «Primavera nuclear andina» / Aquila non capit muscas»

Levantó el índice y señaló un horizonte mejor abriendo una grieta en un paisaje oscuro, oscuro. Ojos abiertos, ojos cerrados, no había diferencia. Algunos, deslumbrados por Agustín trataron de reducir el nuevo paisaje a panorámica turística, vulgar polaroid colgada con ganchitos en un cable de lucecitas de colores, la foto en Instagram que obtiene muchos likes, la novela barata que engaña a los gringos exotizando lo que no se conoce ni se entiende.

Habiendo ascendido hasta las estrellas, Agustín no distinguía entre mamíferos y astros, él mismo compartía ambas naturalezas. La música era más música. Hijos todavía no nacidos le dictaban sus nombres y sus futuras hazañas. La poesía era música y la música era poesía. Las sombras de las ruinas de lo que todavía no había sido edificado crecían tratando de alcanzar su rastro. Entre lo sagrado y lo profano, como diría Eliade (5461), donde hay y no hay poesía, también en los umbrales, él escribe y reescribe traducciones de los recuerdos de sus visiones. Manco Cápac, A.Chal, Dionisio Inca Yupanqui, Churata y Huatiacuri hemos venido a ver el nacimiento de Agustín Guambo, en cinco huevos de halcón. Donde hubo un pez de oro, un pájaro pinto y un rinoceronte, hay ahora ballenas. El año es 5522. El amor ahora es un libro. Hemos de seguir pronunciando tu nombre, Agustín, para que nunca mueras, para que nunca dejes de llorar.

Capítulo III

«Aquí hemos de escribir cómo Agustín Guambo trascendió la materia/espíritu y desde entonces nos acompaña y nos guía»

Quien supo apreciar el oro de Agustín, como elemento sagrado y ritual, supo cuidarlo colocándolo en un lugar tibio, cerca del corazón. Quien vio con ojos de condenado, de buitre, de cuervo, de huairavo, desprovisto de escrúpulos y de talento fue capaz del tajo más feroz y desalmado con un garfio pequeño. Sabíamos también desde hace quinientos años cómo terminan quienes roban lo que es sagrado.

El poema dejó de estar hecho solamente de palabras, era y no era poema. Era imagen, la imagen de la figura retórica dejó su espacio libre y este espacio fue ocupado por la imagen sin y con palabras. El árbol fue dios, como Pullao. Fue y no fue. Qué fue y qué no fue. Circuitos cerebrales se expandieron más allá del cuerpo que los contenía. Materia era espíritu. La existencia física asimilada a la identidad digital había superado también el anticuado conflicto entre andino y moderno. Y fueron escritos mitos nuevos para explicar lo que Agustín Guambo estaba haciendo cada día.
La poesía es un virus, Agustín. Las puertas que modifican nuestra percepción según Blake (5298) son tus versos. No podemos abandonar al profeta, al profeta que carga su evangelio.
Ha cortado la cabeza del padre y la ha devorado, trató de ser devorado por otro padre. Ah, la waka habla con la voz de Agustín, habla en indio y en cristiano como Arguedas (5476), en binario y en html. Fusión a nivel genético molecular. ADN de estrella andina en cada circuito…
La tensión entre lo ancestral y lo moderno (y lo postmoderno) es la misma tensión que afina las cuerdas con las que Agustín toca melodías nunca escuchadas. ¿A dónde vamos, Agustín?, ¿A cuándo?

Fin

Miguel Gil Castro
Poemakamayoc

«Cráneo de mar sobre páramo andino»
©Agustín GUambo
EDITORIAL LLIU YAWAR, Huancayo 2026
ISBN 978-612-99276-3-3


Miguel Gil Castro
Miguel Gil Castro (Lima, 1987), poeta y antropólogo quechua peruano. Su obra hunde sus raíces en la identidad andina, así como en sus mitos y rituales, entrelazando sensibilidad estética y reflexión filosófica. Ha publicado en revistas como Río Grande Review, Hueso Húmero y The Madrid Review. Ha obtenido el Premio Copé de Bronce en la XX Bienal de Poesía. Su escritura transita lo íntimo y lo simbólico, atravesando fronteras entre lo cotidiano y lo trascendental. Ha sido jurado en concursos literarios nacionales e internacionales y mantiene una activa participación en la gestión cultural. Recientemente fue aceptado en la Maestría Bilingüe en Creación Literaria de la University of Texas at El Paso (UTEP).

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