Lo bello y lo triste

Le preguntamos al escritor salvadoreño, Ilich Rauda, qué estaba leyendo, y nos habló de «Lo bello y lo triste», la novela del premio Nobel japonés Yasunari Kabawata

Ilich Rauda | Escritor salvadoreño

Con las primeras lluvias de mayo me acerqué a Lo bello y lo triste (Emecé editores, traducción de Nélida M. de Machain) de Yasunari Kawabata, Premio Nobel de Literatura de 1968, a quién conocía previamente por la lectura de su novela Mil grullas. Este es un autor ligado al realismo de lo cotidiano y lo sublime contenido en la vida diaria. También está ligado al peso de lo simbólico y poético de la sociedad y la cultura japonesa de principios del siglo XX, junto a otros notables escritores, entre los que cabe mencionar a Yukio Mishima y Ozamu Dazai.

Lo bello y lo triste nos introduce, desde su primer capítulo, a la relación geográfica que se establecerá entre las ciudades de Kioto y Tokio, pero sobre todo a la vida y pasión de un escritor japonés, Oki Toshio, quién viaja para fin de año bajo el velo de escuchar las campanas que se tocan como tradición en los templos de Kioto, aunque se trate en realidad de una aparente reconciliación con su pasado, con su historia de amor pasional.

Toshio logrará un reconocimiento sobresaliente con esta novela de su primer periodo, donde, desde la ficción autobiográfica, tratará de sanar lo inconcluso. Así escribe: Una chica de dieciséis. Un éxito editorial que, más de veinticinco años después de su primera publicación, sigue siendo leída y reverenciada en todo Japón. Para el protagonista, el escritor personificado, significó su consolidación como narrador, y le brindó la estabilidad económica en una provincia de Tokio; mientras que para Otoko, el otro personaje principal del triángulo amoroso ficcionalizado en la novela, representará el exilio junto a su madre, la deshonra de una espera sin promesa. Ella se sobrepondrá y encontrará su camino al destacarse también en el plano artístico mediante la pintura. La noticia de este éxito llegará en una revista hasta el escritorio del Toshio y se desencadenará la nostalgia, el abismo de un pasado que está en su corazón, como en las páginas de su novela, listo para ser releído con la consumación de los años.

El peso de lo patriarcal, desde este nudo en donde lo conyugal y lo extramarital se conjugan y sacrifican en torno al hogar legítimo, con su esposa Fumiko, en aras del éxito económico y el reconocimiento es el punto del conflicto desde el cual veremos aparecer a Keiko, un personaje femenino que acompaña a Otoko como alumna y también en las cercanías del amor lésbico. Irrumpe en escena, con su terrible belleza, visitando el hogar del primer amor de su maestra, y reacciona frente a la historia de la novela hecha carne y hueso. Es una respuesta personal frente a lo escrito, como algo que puede ser trastocado desde el plano inmediato de su lectura y su juicio. Le brinda las posibilidades de reivindicar a su maestra más allá de cualquier negativa, es una reacción del futuro frente a un pasado escrito que sigue vivo desde lo literario y los silencios de sus protagonistas. Una pintora que, desde lo íntimo, su visión y amor, no podrá aceptar la pasividad de Otoko, como personaje y figura real de un amor inconcluso, mal concebido, que perdura en lo abyecto.

Esto dará un giro a la historia contenida en la trama total. En esta novela, Kawabata introduce un elemento metaliterario (una novela) como síntesis o motor vital del conflicto primordial de la novela que se narra (es un novelista que escribe sobre otro que se encuentra marcado por su éxito a través de una novela), esta es la marca, el pasado y lo literario como una herida abierta que mueve a los personajes. El plan que se desdibuja, y retoma como en un lienzo, no tardará en anunciarse definitivo, y la violencia esbozada de forma sutil, agazapada como un felino, se manifestará en toda su dimensión.

Este poder de intriga y la profundización y el traslape de planos narrativos en conjunto con los personajes que salen de las sombras, como Taichiro, el hijo mayor del escritor, moverán a quienes se adentren en el texto y la época. La novela, en su estilo propio, cuenta además con una carga poética y lírica ligada a las formas del tanka y al haiku japonés, que se vincularán a la atmósfera y escenas desarrolladas en los nueve capítulos que la componen, los cuales serán de gran deleite para quiénes son afines a dicha cultura.

Vale destacar que, frente a otros premios Nobel, Kawabata también sigue traduciéndose, leyéndose y reeditándose cincuenta años después de recibir este gran premio, y de su trágico fin de vida, vinculado a la muerte de su amigo, otro gran escritor, como lo es Yukio Mishima.


Ilich Rauda. San Salvador,1982. Escribe poesía y narrativa. Secretario de la Asociación Salvadoreña de Médicos Escritores Salvadoreños Alberto Rivas Bonilla. Miembro fundador de los grupos literarios: Círculo de la Rosa Negra en 2003 y de Delira Cigarra en 2006. Especialista en Medicina Familiar por la Universidad de El Salvador. Premio único de Cuento Infantil en los XXV Juegos Florales de Usulután (2017). Publicaciones: Maíz del corazón (Publicaciones Papalotquetzal, 2016); Aventuras en los antiguos reinos del misterio (Dirección de Publicaciones e Impresos, 2018); Círculos del sueño (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2022), Poemas urgentes (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2023). Textos poéticos suyos se encuentran en las antologías poéticas: Dictadura Vintage (Proyecto La Editorial La Chifurnia, 2021), y en La paz no se logra con el deseo (Proyecto Editorial La Chifurnia, 2022).

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