Claudia Hérodier nos comparte, en exclusiva para El Escarabajo, poemas varios
Claudia Hérodier | poeta, filósofa y gestora cultural salvadoreña
CARCAJ DE FUEGO
(A David Escobar Galindo,
por aquel panal de 14 claridades…)
Cuando pienso en el ciclo que se aleja
hoja en hoja veloz en lo severo,
va cayendo, cobarde entre lo austero,
esdrújula constante que nos veja.
Nadie escapa del tiempo que empareja
al susurro voraz ̶̶secreto artero̶̶̶̶ ̶̶
con el sol que veloz, carcaj, mortero,
nos revuelca en sus rayos tras la reja.
Así vamos sudando en vida y vida,
nuestro inmenso dolor y su lamento.
Ni Dios queda -profunda grieta herida-
nunca el hombre habitando aquí en lo cruento.
Todo lo vivo, pasa, ya concluida
su ruta en el azul. Somos del viento…
(19/II/77 – 13/XI/96 San Salvador. / Santa Tecla)
LA NORIA
«Polvo seré», de aquel desencantado,
del que en sí mismo guarda la memoria
de noes y de síes en la noria
¡Nunca polvo jamás imaginado!
«Polvo seré», más hecho al desenfado,
pues quedando atrás todo en esta historia,
no vendrá de otro polvo la ilusoria
carcajada feroz en nuevo estado.
Solo polvo seré… y en ya alcanzado
el día de ese tiempo estremecida,
voy a lavar con polvo lo mirado.
Seré polvo cantor y en tu costado
voy a clavar la lanza esclarecida,
de luz mejor en polvo encabalgado.
(25/X/96)
NOVIAZGO CON ESTRAMBOTE
(adivinanza)
Con velas, panderetas y guitarras,
antier nací. El ayer me hizo más bella.
La luna sigo siendo en que se estrella
el amplio sol. Crueldad en que me amarras.
Poder de amor, pues en tu entraña mella,
todo el sabor de mis cien mil zamarras;
y soy también aroma y soy tus arras,
el aro de tu vida. Soy tu ella.
En tu mesa adelgazo y voy cayendo,
quieta, lánguida y torpe de tus brazos.
Tú apenas te das cuenta y van corriendo,
en tu boca mis besos ya sin lazos…
¡Pues yo era y soy la luna y sigo siendo,
la novia de los velos en tus cazos!
Mi nombre es la cebolla y me estás viendo.
Soy tu amor de llorar ―novia perdida̶̶―
amor, ¡hecha pedazos!
(3/X/96)
del libro Jugando con Asturias
VII
Entre el valor y el miedo, la cabeza,
armadura de párpado, es testigo,
que observa guarecido en su fuerteza,
la lucha de otro yo que no es conmigo.
¿Cien llaves a las cosas? ¡Qué pobreza!
del sueño de unos cuantos con postigo.
Los cien mares de sueño en la tristeza
se vuelven a mi casa. Están conmigo.
Combatir por las cosas es costumbre,
¿más quién por uno mismo que combata,
logrando el amo fiel, fiel mansedumbre?
Si el hombre es como el fuego de la lumbre,
que come de la leña que maltrata
y aclama su valor, ahí en la cumbre.
(13/V/96) // (17/VI/96)
XII
(A Julia Hérodier de Barbero)
La conocí al nacer. Era rocío.
Llave y cerrojo, pálida su frente.
Era apenas la hondura de hondo río,
que bebe el agua clara de su fuente.
Del filudo carámbano del frío
vi venir a sus párpados ¡demente!
el soplo de otra luz en desafío,
atravesar despacio, sola, un puente…
No la vi más pues se perdió en el hielo.
¡En un glacial inmenso está perdida!
Y aunque lo sé, me digo en mi desvelo:
¡Derrítase la nieve de su vuelo!
… Se fue sin mí cantándole a la vida.
Alzando tres candelas tras un velo.
(11/VI/96)
DE LA CONDICIÓN HUMANA
¿Sabremos ir hacia el mañana?
¿Nos quedaremos inertes ante el mundo?
¿Cómo descifrar lo mortal de nuestros pasos?
¿Serán suficientes las antorchas?
Perdidos andamos
y por ello es necesario
que Edipo nos preste sus espejos.
¿Sabemos acaso que la luz tiene pubis
y el volumen las uñas de todos los muertos?
¿Acaso sabemos atestiguar que sí somos
y que yéndose ellos ausencia se llaman?
¿Sabemos, quizás, que somos cangrejos
siempre para atrás hacia un foso profundo,
donde el tiempo no espera
y la luz tiene azadas
para seres y cuerpos, y razones y mitos?
¿Qué sabemos los hombres de ese mar que se ríe,
de esa luna que escalda su tristeza en la sopa,
de los niños que agitan su estupor ante el mundo;
de mujeres que miran con ojos cansados
y sienten la vida pesando en sus hombros?
¿Qué sabemos, entonces, de respuestas puntuales,
y de cinco milenios adelante del nuestro?
¿Sabemos acaso de la realidad que vomita,
de los muertos en vida y de los que están quietos?
¿Acaso sabemos escribir nuestros nombres
en el centro de todo lo que pasa en el orbe
o del núcleo pequeño de lo que siempre sucede,
participando hasta el fondo de lo dulce o lo hiriente?
¿Qué sabemos nosotros del volcán y su lava,
de los ríos que danzan al compás de las riberas,
feroces contra todo y mansos con el agua;
de los vientos que agitan las alas de los mundos
y ponen (o quitan) en sus barcas todas las palabras?
¿Qué sabemos del hambre de millones de seres?
¿De los miedos que miran con orgullo a los hombres?
¿De ese mal que camina desdeñoso y soberbio?
¿De las bombas que imprimen
su estallido en los cuerpos
y aún más de los hombres de ahora −de ahora−
y del poder y los siglos
y los siglos y siglos…
callados, cansados, fríos y desiertos?
¿¡Qué sabemos!?
ENTRE DOS PUÑOS
Cabe el hombre y la memoria
en un puño.
En el otro la historia,
la voz y todo el orbe.
Enfrente la verdad
con sus pistolas
dispara cartuchos insondables
y acribilla sin saberlo su dominio.
Santa Tecla, 16 de junio de 2003
DEBAJO DE TODO
Sé que debajo de todo
un soplo milenario
lleva máscara y se ríe.
Azul el cielo
nada aporta al cansancio
de mirarle.
Adán frota en la corteza
su manzana
mientras una Eva juiciosa
le riñe suavemente.
Bífido el aire
muerde todo lo que toca
y el cielo sigue ahí
con cara de serpiente.
Santa Tecla, 8 de marzo de 2015-
Desanclados los sentidos
vuelan ligeros
por las estructuras
de los sustantivos.
Gramática insomne
no se deja amilanar
bajo la tutoría sabia
de los verbos.
El lenguaje, pues,
está de pie,
y es un guerrero que lucha
y que camina…
9 de mayo de 2015
Monólogo del mar
rugiente en su turquesa,
agua feroz que clama
cristalina
bajo un cielo que se hincha
mordido por sus gotas
y en silencio eleva a la luz
su verdad transparentada…
Sobrepasa dominios
la voz que le desborda
mientras ágiles sus velos de espuma
montan su vigilia
y pasan barcazas
llenas de remeros
hacia la orilla ahí
siempre imaginada.
Porque ―y esto hay que decirlo―
mientras exista el mar
siempre habrá una orilla
y la ternura del agua
nos tenderá su mano.
Santa Tecla, 30 de enero de 2015

Claudia Hérodier (nacida en San Salvador, agosto de 1950) es una destacada poeta, filósofa y gestora cultural salvadoreña. Cofundadora del colectivo literario femenino “Poesía y Más…” en 1996, ha impulsado la difusión poética en el país. Con formación en Filosofía por la UCA y artes plásticas, es reconocida por su obra lírica y su labor editorial en la Universidad José Matías Delgado. Datos Biográficos Clave: Origen: Nacida en agosto de 1950 en San Salvador, es hija de la reconocida actriz Julia Hérodier y el escritor Luis Díaz Chávez. Formación: Se graduó en Filosofía por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA). Trayectoria Literaria: En 1972 ganó el segundo lugar en la rama de poesía en el Certamen Centroamericano de los Juegos Florales de Quezaltenango, Guatemala, con su libro Volcán de mimbre. Labor Cultural: Es parte del grupo "Poesía y Más…", colectivo fundado en 1996 junto a otras escritoras como Aída Párraga y María Cristina Orantes para promover la poesía. Obras Destacadas: Volcán de Mimbre (1978), Traición a la palabra (2002), María Julia Hernández en el tiempo (2011) y Este es mi grito (2016). Reconocimientos: En 2019, recibió un reconocimiento por su labor por parte de la Secretaría de Arte y Cultura de la Universidad de El Salvador (UES). Fue parte del grupo pictórico Arte Nueve en Guatemala y ha enfocado gran parte de su carrera en la gestión de publicaciones periódicas.
