No se negocia con la muerte

En agosto de 2025 se presentó el libro «Textos reunidos”, del poeta costarricense Felipe Granados, libro que reúne sus crónicas y su poesía, y sobre el cual la escritora guatemalteca Vania Vargas ha escrito esta reseña y ha hecho esta selección de su poesía. En esta edición también encontrarás, en este enlace, las palabras que el poeta Alfredo Trejos leyó el día de dicha presentación

Felipe Granados | Poeta

Felipe Granados: la visión del que se despide
Vania Vargas

No recuerdo cuándo fue la primera vez que llegó hasta mí el nombre del poeta costarricense Felipe Granados. Debió ser más allá del 2010, durante esos años de mi fascinación por un grupo de escritores costarricenses que poetizaban desde la sencillez del lenguaje y el destello de la belleza. Osvaldo Sauma, Luis Chaves y Alfredo Trejos. Después, llegaría Mauricio Molina Delgado, Paula Piedra ―quizá― Joan Bernal, recuerdo. Y entre ellos, seguramente, rondaba como un fantasma el nombre de Felipe Granados.

De él solo conocía su historia a medias, es decir, la de su muerte, y una imagen que años más tarde se concretó cuando llegó a mis manos el libro póstumo que la editorial Perro Azul le había publicado en 2015: El libro de los malos tiempos. Un libro que ahora también es parte de sus Textos reunidos, recientemente publicados por la misma editorial, con los que llegué a su primer libro Soundtrack y a sus crónicas. Una producción breve, pero intensa, que me permitió transitar su sensibilidad cruda y luminosa. Una poesía que roza la brevedad, el humor triste y la ternura. Una visión suave y frontal de la vida, como la de quien se despide.

Felipe Granados
Portada del libro «Textos reunidos», de Felipe Granados.

Leyéndolo recordé la escena en la que el productor musical de Sun Records, Sam Phillips, le pregunta a Johnny Cash ―en su película biográfica― que, si estuviera a punto de morir y tuviera tiempo de cantar una sola canción que la gente recordara antes de que se convirtiera en polvo, una canción que le hiciera saber a Dios cómo se había sentido durante su tiempo en la Tierra, una canción que lo definiera, qué cantaría. E imaginé a Granados consciente del tiempo en su contra, testificando con su sensibilidad descarnada acerca del amor, las pérdidas, las fes adoptadas, la orfandad paterna, las derrotas propias y las ajenas, la belleza que hace guiños desde la decadencia.

Felipe Granados vivió breve, sintió profundo. Su poesía es ese brillo entre la sensibilidad y el filo. Fue un poeta que puso la belleza al alcance de nuestras manos, ahora heridas por el contacto con sus bordes.

Felipe Granados. Textos reunidos. Editorial Perro Azul, Costa Rica. 2025.


No se negocia con la muerte
Felipe Granados


Arte Patética

No importa qué está en juego
esta mano ya la tenés perdida

Ganar para perder
o perder todo

No se negocia con la Muerte
ella es la casa

Pobre tahúr mezquino
no te va a salvar
ni la carta marcada
que ahora tiembla
al fondo de tu manga

*


Jimi funda Woodstock Nation tocando el himno

Aprende
precioso muchacho
que a la vida y demás objetos
solo se les puede enfrentar
con los dientes

*


El joven K habla de su carta al padre

El mar es revoltoso:

I

Papá era marino
solo eso explica
la fascinación idiota de mamá
por ponerme ese trajecito imbécil


II

Papá murió en el mar

De papá hay una foto
donde muestra orgulloso
su bigote y su uniforme

La foto no
enseña el mar


III

Papá tenía mi nombre

Nadie sabe lo difícil que es cargar encima
todas las letras de tu padre muerto


IV

El único recuerdo que tengo de papá
es una puerta

La puerta por donde se marchó

La puerta que ya nunca volvió a cruzar


V

No sé nada sobre los amigos de papá

A veces me gusta imaginarlos
peleando contra una tormenta imposible

O matando una criatura inmensa
a punta de arpón y destreza

Mamá solo dice que eran una chusma

Pero eso no da
para construir mitologías


VI

Mamá no sabe que un día yo voy a ir al mar
y voy a irme como se fue papá

Será triste oírle contar la historia
de una mujer abandonada dos veces
por el mismo nombre
por el mismo uniforme de marino
por el mismo vicio de sal y de agua


VII

Mi amigo dice que el mar es pequeñito

Que cabe en una caja de dos manos
o en el fondo pequeño de una caracola

Mi amigo nunca ha visto el mar

Yo no le creo

¿Cómo algo tan pequeño podría tragarse a un hombre?


VIII

Una vez oí la historia de un pianista
que tocaba en un barco
y que nunca dejó el mar

Siento que algo así le pasó a papá

Solo se trata del viaje
No de partir
Ni de volver


IX

¿Sabes que solo los marinos
pescadores y algunos poetas cursis
le dicen La Mar?

Sería una Ella
por la que valdría la pena morir


X

Papá era marino

Papá tenía bigote y uniforme
Papá tenía las letras de mi nombre
Papá tenía la mar

Yo
tengo una foto
un uniforme falso
y una puerta

Papá era marino

Yo soy huérfano

*

Kind of Blue

Miles Davis

Estas palabras se escriben sin afecto. Deberían ser más fuertes pero también más tristes. Estas palabras están llenas de erratas, se rompen por el lado más largo de la página. No sirven para adormecer a ningún niño, no sirven para hacer caer algún amante joven.
Estas palabras van huérfanas de dios porque fueron escritas para nadie.

Pero las digo con los puños y los dientes apretados.

*


Miau

Desde el quicio de la puerta
observo el mundo:

la humanidad apesta
―sobre todo los hombres―

Pero ella
el ser más
desprendido y solidario

Ella me da
comida
caricia
regazo
pero quiere que me quede para siempre

Y eso
eso es imposible
porque yo soy un gato

El mundo existe porque yo lo dibujo
debajo de mis patas

Felipe Granados. (1976-2009). Nació en la provincia de Cartago, en Costa Rica. Aunque escribió artículos para la Revista SoHo y el suplemento Áncora de La Nación, fue sobre todo un poeta. Publicó Soundtrack (Ediciones Perro Azul, 2005), el cual se convirtió, desde su aparición, en un poemario de culto. El libro de los malos tiempos, compuesto por sus libros inéditos POP y Los 99 nombres de dios, lo confirma como uno de los poetas imprescindibles de su generación.


Vania Vargas. (Guatemala). Poeta, narradora, editora y periodista cultural independiente. Autora de los libros de poesía Cuentos infantiles, Quizá ese día tampoco sea hoy, Los habitantes del aire, y Señas particulares y cicatrices. Libros de los cuales han salido algunas selecciones publicadas en Chiapas, México; Puerto Rico y Montevideo, Uruguay, así como la reunión de poemarios bajo el título Relatos verticales. En narrativa ha publicado Después del fin y Cuarenta noches. Es, además, coordinadora de los libros de ensayo Nuevo Signo: siete poetas para nombrar un país; y Luz: trayecto y estruendo -una aproximación colectiva al legado literario de Luz Méndez de la Vega. Ha sido invitada a las ferias del libro del Zócalo, Panamá y Guadalajara, así como a los departamentos de Español de la Universidad de Stanford, en San Francisco, California, y la Universidad de Copenhague, donde compartió su trabajo. Fue parte de los Festivales Internacionales de Poesía de Granada, Nicaragua; Quetzaltenango, el latinoamericano de poesía, Ciudad de Nueva York; Medellín, y Leiria, Portugal.

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