La escritora guatemalteca Denise Phé Funchal comparte una breve selección de su más reciente poemario «Llovía», acompañado de las introducciones de otras dos poetas, la también guatemalteca Génesis Ramos y la salvadoreña Sandra Aguilar
Denise Phé-Funchal | Escritora guatemalteca (Con comentarios de Génesis Ramos y Sandra Aguilar)
(…) llueve y yo espero en este círculo del borde
a ver si la escucho
a ver si me llama
a ver si su voz vuelve a llevarme con ella
a ver si llueve
Llovía, de Denise Phé-Funchal, es un poemario sensible y humano que no tiene más pretensión que acercarnos a la fábula de dos hermanos que se llaman, se nombran y se vuelven carne para acompañarse en este espacio terrenal. Pero, mientras ellos se llaman, la voz de la madre nombra primero al hijo: «(…) Ella te llamaba, / te contaba del sol y te hablaba de los libros que te leería (…)». Y, posteriormente, a la hija: «(…) yo también sería pócima contra el llanto / truco para burlar la tristeza / ilusión y arma contra la soledad (…)». Entonces, cabe la posibilidad de que, sin ser conscientes, juguemos a ser dioses al imaginar y llamar a los nuestros, porque quizá en un espacio distinto a este existimos junto a ellos. Somos anunciados por la lluvia, expulsados por el agua que llena la caverna y el vacío. Ese líquido que, al inicio, se nos muestra como creación, pero como la misma vida va mutando a volverse juego, ausencia, soledad y muerte: «(…) soñaba con la lluvia / con que la lluvia me llevara de vuelta a la caverna / antes de ser millones / antes de la sangre / del hueso de la carne». Y, así como la propia lluvia muta, Denise, haciendo uso de su vocación narradora, logra que el poemario, los elementos de la casa y hasta la atmósfera de luz y calidez se transformen; de ser un espacio donde los niños se divierten, pasa a adquirir un tono gris, en el que la muerte persigue a la madre, la arrastra y la hace volver a la caverna, a su propia caverna, a donde retornará para, algún día, llamar de vuelta a sus hijos. «(…) mamá ya no era carne, / ya no era sangre / solo hueso / solo silencio / solo volver a la caverna / solo borrar la memoria / solo muerte (…)». De ahí que el retorno a los recuerdos que nos forman y que, al ser afrontados, dé lugar a creaciones tan maravillosas como esta, en las cuales anida la esperanza de volver a escuchar la voz de los nuestros.
Génesis Ramos / Escritora guatemalteca
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“Llovía y vos no estabas. Llovía y ella no estaba. Llovía y sólo la transparencia recorría los espacios y habitaba la caverna”.
Llovía es una historia contada a través de poemas, poemas que son cartas, cartas que son retratos de la vida de una niña, una adolescente con un reproche constante: vos no estabas. Sólo el abrazo de la lluvia, como testigo constante de las ausencias que se van acumulando, que van poblando el corazón que se resiste a olvidar, a ser olvido y por eso reclama. Estos versos no sólo expresan emociones con imágenes, sino que recrean escenarios y narran una historia de vida.
Un relato poético que nos lleva por los diferentes momentos de la vida de un par de hermanos desde su estancia en la caverna, antes de que ambos existieran fuera de ella. Él es el primero en conocer el mundo fuera de la madre y, desde el exterior, es quien sueña a su hermana, quien la invoca para que despierte y la invita a salir de la caverna para habitar junto a él la casa, a conocer al perro, a la madre que inventa personajes a los que les presta su voz en historias contadas antes de dormir.
Denise retrata, con esa maestría de narradora que la caracteriza, pero con un ritmo poético natural y muy marcado, la evolución de esa dinámica de hermanos, que pasa de compartirlo todo en los primeros años, de jugar con capas de superhéroes a la convivencia con la gente de pequeño tamaño en la escuela, con la tía pelo de oveja, con la abuela de manos nudosas y con la transparencia. La transparencia que, poco a poco, comienza a cobrar un rol protagónico en la dinámica familiar, al punto de convertirse en ese elemento que desata las ausencias, en plural.
Más allá de la prosa poética, Denise nos regala una historia contada a través de imágenes que fluyen en la armonía musical del verso libre, en los que la atención al detalle trasciende la mera descripción para llevarnos a la emoción precisa de un momento preciso, para ver y sentir con cada frase, la alegría, la tristeza, la ilusión, la soledad y el reproche de una hija y de una hermana, a quien sólo la lluvia la acompaña.
Sandra Aguilar / Escritora salvadoreña
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Llovía
Denise Phé-Funchal
Selección poética
I
Cayó la noche sobre nosotros
la lluvia,
el frío
y volvieron los sueños en los que nada pasa, nada
sólo el campo,
sólo las luciérnagas fijas
suspendidas en el viento que no sopla
vos en una esquina
yo al centro
y los pies, los pies pesados,
el cuerpo que no se mueve,
el silencio en las venas
y el llanto
la puerta del zaguán fija, pesada,
crece,
no nos deja entrar
sólo escuchamos el sonido de las gradas que caen
el movimiento de la muerte en el apartamento
y el cuarto de los juguetes
tu boca abierta,
sin voz,
mis ojos, que ya no pueden verte
y la noche
la noche que se estrella sobre vos
sobre mí
V
La lluvia llenó la caverna
y te encontró
tuve miedo porque te dividiste en mil,
en millones,
porque dejaste de hablar
y tu voz se convirtió en río
me escondí en las grietas y dormí,
dormí para evitar mi llanto
que comenzó cuando la lluvia te alcanzó
y alrededor de vos formó una burbuja que no me dejaba tocarte
dormí hasta que tu voz volvió a llenar el espacio
y no la escuché más
dormí hasta que tu voz volvió para despertarme
y comenzaste a contarme de las cosas que ella te hablaba
y que yo no podía escuchar
porque sus palabras no eran para mí
me hablaste del sol y los perros, de la música y los helados
y vos y yo jugábamos a imaginar qué son los colores,
qué son las cosas redondas,
qué es el pelaje suave y el sabor dulce de las fresas
crecías y yo dejé de refugiarme en las grietas
para pasar más tiempo con vos
no quería que te fueras
no quería dejar de escucharte
y vos crecías
crecías y te volvías formas que intentábamos adivinar si eran redondas o eran pelajes
y reíamos de lo que creíamos que eran las sillas, las camas, las cunas, los libros,
porque vos y yo sólo conocíamos el silencio y las grietas y las paredes
vos crecías y tu voz se hacía más suave
y yo sentía en vos el miedo, la duda,
hasta que dijiste voy a salir,
tengo que salir
y vuelvo por vos
te prometo que vuelvo por vos
porque vos existís en mí
VIII
Comenzó a llamarme,
comenzó a hablarme de vos,
de las ganas que tenía de que fuera
y entonces fuimos vos, ella y la idea de yo
fuimos vos y ella y la idea de yo y las ganas de combatir la tristeza
fuimos vos y ella y la idea de yo y las ganas de combatir la tristeza y la ilusión de otra pequeña voz
fuimos vos y ella y la idea de yo y las ganas de combatir la tristeza y la ilusión de otra pequeña voz, otra risa
la idea de la risa de vos, de la risa de yo
yo también sería pócima contra el llanto
truco para burlar la tristeza
ilusión y arma contra la soledad
y al espacio rosa comenzó a llenarlo de nuevo la lluvia
y comprendí las ganas de jugar a mojarme
jugar a ser
a salir de ese espacio que era ella
toda ella
todas sus voces
todos sus llantos
todos sus pasos
salir de ese espacio que la ilusión del que no fue reclamaba como propio
salir de ese espacio y estar con vos,
jugar a escondernos de la lluvia, ver el sol
y tuve ganas de hacer lo mismo que vos,
tus mismas tantas ganas de irme
de abrir los ojos
de verla
de no andar más a ciegas
XII
Vos y yo por la casa
vos con tu capa de superhéroe y yo esperando tus hazañas
siguiendo tus pasos,
esperando a que ella volviera, se quitara los zapatos altos y se echara a jugar con nosotros,
nos persiguiera por las habitaciones y, cansados, nos llevara al cuarto para contarnos,
leernos,
crear mundos que salían de los libros
y hablarnos con voces que le prestaba a caminantes, a almas en pena, a gatos por los tejados japoneses, a tipos atormentados, al jinete flaco del rocín huesudo
hasta que tus párpados y los míos se cerraban
y la noche y la luna y las nubes y los sueños caían sobre vos y yo
y ella se levantaba
y ahí comenzaba un mundo que para vos y para mí sólo era un juego
un pedazo de realidad que se convertía en parte del sueño cuando nos despertábamos para buscarla
y ella estaba ahí
sobre el piso pintando
sobre la máquina traduciendo la próxima renta
en el patio ensayando el próximo personaje
en la sala preparando la ropa de mañana
nos levantábamos
vos y yo
y vos no me dejabas hablarle,
sólo verla
y me tomabas de la mano
y volvíamos al sueño
vos y yo por la casa
vos con tu capa de superhéroe
yo con mi capa de superhéroe
siendo hueso,
siendo sangre
XVII
La tía pelo de oveja y la abuela de manos nudosas te llevaban
no siempre estabas para subirte a los techos
no siempre estabas para ver pasar los aviones
y jugar a que el sol nos dejaba ciegos
y volvíamos a la caverna
no siempre estabas para dar mil vueltas
y luego caer riendo
estaba ella
estaba yo
estaba ella y un llanto que aún ahora no puedo explicar del todo
estaba ella
estaba yo
estaba ella
y pronto estaba la transparencia
y las noches de pintura en el piso se convirtieron en noches en la cama, durmiendo,
sin historias
y noche de yo viendo a la luna,
hablando con la lechuza blanca a la que los vecinos le tenían miedo
vos no estabas
estaba yo
estaba ella quedándose dormida en medio de la lluvia salada de su alma
estaba ella que ya no ensayaba personajes ni cambiaba de voces
estaba yo
viéndola de lejos
porque aunque conocía las palabras y podían salir de mi boca, aún no había aprendido a hablar
estaba yo tratando de explicarme la transparencia
estaba ella
estaba yo
vos no
XIX
Fue el hombre de overol azul por vos y por mí
nos habló de dios,
de alguien que abría los brazos para recibir las almas,
que teníamos que ser buenos con mamá, con la tía pelo de oveja
gente de negro en la puerta, en el zaguán, en las gradas,
en la entrada del apartamento,
donde la española,
donde nosotros,
en la terraza
y mamá, mamá lloraba
no me dejaron ver a la abuela manos nudosas,
vos te escapaste y te metiste entre las piernas de la gente
y por semanas la veías en los sueños
de espaldas,
con la cabeza amarrada con un pañuelo
y mamá se sumergió en la transparencia que la consolaba
nadó
vos y yo flotábamos en la lluvia que había llenado la casa,
que se escurría por las paredes,
que subía por las gradas desde el apartamento de la tía pelo de oveja
estábamos solos como en la caverna
la tía estaba sola
y comenzó a pedir que la acompañaras
mamá estaba sola,
con la transparencia
y yo flotaba
sin capa de superhéroe
XXVI
A veces usted volvía,
intentaba romper la transparencia
olvidarla con ritos, con oraciones,
con conjuros que prometían alejarla para siempre
y ella luchaba, intensa, dolorosa
el embrujo que le tenía echado se convertía en temblores, calambres, torturas inhumanas por horas eternas
su sombra la perseguía,
la atormentaba,
le recordaba su aroma,
su amor,
su voz jurando que todo estaría bien
usted luchaba
yo sé que luchaba
que usted quería salir de ahí y recuperar su cuerpo
que quería estar aquí
yo sabía, Marce, que ella te quería
que ella me quería
XXVIII
Debí quedarme,
quedarme con usted
ayudarle a matarla una vez más,
quizá una última vez
pero yo estaba tan cansada como usted,
cansada de que volviera con ella,
cansada de ver cómo su cuerpo y su voz desaparecían
me fui
la sentía tan lejana
ya no era mía
me despedí de ustedes
y ella se reía de mí en sus ojos
y yo sabía que tras ella, tras su mirada, que se había apoderado de usted, estaba la que cantaba
la que bailaba
la que escribía y pintaba y contaba historias por la noche,
la que cocinaba las cenas de navidad,
la que amaba a los perros,
la que quería levantarse y pensar que la madrugada traía algo distinto,
algo lindo
la abracé
y usted sólo me dio un par de palmaditas en la espalda
pasé la puerta de migración y volteé
usted me miraba triste,
con una sonrisa fingida en los labios,
lloraba y sonreía mientras ella la cubría con su enorme cuerpo
usted metió la cara bajo sus brazos,
ella volteó y la vi comerse su cabeza
juré volver,
acabar con ella
di media vuelta y me fui

Denise Phé-Funchal (Guatemala, 1977). Escritora y socióloga. Ha publicado las novelas Las flores (F&G, 2007) y Ana sonríe (F&G, 2015), el poemario Manual del Mundo Paraíso (Catafixia, 2010) y el libro de cuentos Buenas costumbres (F&G, 2011). Algunos de sus relatos y poemas han integrado selecciones como Sin casaca (2008), Región (2011), Poesía para todos (2011), Ni hermosa ni maldita (2012), El futuro empezó ayer (2012) y Kafkaville (2015). Recientemente publicó el libro de cuentos Polvo (F&G, 2024).

Génesis Ramos (Ciudad de Guatemala, 1994). Escritora y gestora cultural. Graduada de la Escuela Nacional de Arte Dramático «Carlos Figueroa Juárez» (ENAD). Tiene estudios en Letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Actualmente es profesora de Lengua y Literatura en enseñanza media. Ha participado como actriz y productora en diversos montajes de teatro. Sus ensayos han sido publicados en la revista Monolito de México y la revista INESLIN de la Facultad de Humanidades (USAC), Guatemala. Forma parte de las antologías: Nunca más el fuego (Patológica, 2019); Voces desde el encierro (Editorial X, 2021); y Todos los dioses. Antología panhispánica de poetas jóvenes del siglo XXI (Casa Bukowski, 2022). Invitada a participar en las ediciones 17 y 18 del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango. Es autora, también, del poemario Tiempo en tierra (Saqarik, 2021).

Sandra Aguilar. (San Salvador, 1984). Ha publicado Tal vez sólo es tarde (Índole, 2013) y El invierno soy yo (Editorial Ojo de Cuervo, 2022). Incluida en las antologías: 90 años de poesía en El Salvador, Revista Cultura: Nº 94, Memorias de La Casa: 25 poetas, selección de Mario Zetino, (Índole, 2011); Memorias de La Casa: 12 narradores, selección de Salvador Canjura (Índole, 2012); Segundo Índice Antológico de la Poesía Salvadoreña, compilación de Vladimir Amaya (Índole, 2014); Poeta Soy: poesía de mujeres salvadoreñas (Biblioteca Básica Escolar volumen 11, Ministerio de Educación, 2019), Jardín de Sangre, 10 poetas salvadoreñas contemporáneas, selección de Susana Reyes y Stéphane Chaumet (Editorial Escarabajo, 2020).
