La última novela que publicó Francisco Alejandro Méndez apareció en El Salvador con Falena Editores. Se tituló Puede que no sean ángeles y tiene como protagonista al detective Pérez Chanán y a un poblado que a toda la región centroamericana le parecería familiar. Sobre este libro, su trama y sus circunstancias nos habla el escritor salvadoreño Julio E. Zepeda
Julio E. Zepeda | Escritor salvadoreño
«Puede que sea una novela negra», otra perspectiva para el abordaje de la novela negra centroamericana, el caso de Puede que no sean ángeles de Francisco Alejandro Méndez
Julio E. Zepeda
Introducción
En los siguientes párrafos, ofrezco un análisis alrededor de la novela Puede que no sean ángeles (Falena Editores, 2023), la última novela que publicó en vida el escritor y académico guatemalteco Francisco Alejandro Méndez, en donde veremos al comisario Wenceslao Pérez Chanán, junto a su equipo, resolver el asesinato de monseñor Julio Santiesteban, en el lejano poblado de San Ildefonso de Todos los Santos. El libro está compuesto por 27 capítulos con nombre propio, y representa la quinta entrega que es protagonizada por el comisario y que se anota en un género todavía difícil de clasificar para los críticos especialistas en el mismo: «novela negra», «nueva novela centroamericana» o «nueva novela policial».
Este libro, su estética y su factura son posibles en un tiempo y espacio específico: la Centroamérica posterior a los conflictos armados, lo cual desemboca en una «sensibilidad de posguerra», tal y como lo señala Beatriz Cortez (2010) y que va más allá de los proyectos literarios, dado que en ella se ve representada la crisis de los proyectos teleológicos señalados por Ignacio Sarmiento (2017), ya que «a lo que asistimos en el período de la llamada posguerra [centroamericana] no es otra cosa que al agotamiento de la noción de comunidad nacional como principio rector» (p.398). De ahí que los eventos narrados en Puede que no sean ángeles guarden una distancia nada gratuita con el género policial clásico, que sí pretendía ofrecernos la idea de la efectividad y buen servicio de las instituciones del Estado, en las cuales podía descansar eso que entendemos como comunidad nacional. Aquí, por el contrario, la búsqueda se extiende a soluciones ajenas a las vías tradicionales y a sus instituciones en búsqueda de la justicia y la verdad.
Partiendo de lo anterior, así como de otros autores que han disertado acerca del tema, este abordaje pretende asomarse a la novela y tratar de entender, a partir de ella, su filiación en tales clasificaciones a partir de las características perceptibles en la misma. Para ello, expongo brevemente una nota biográfica sobre el autor, en donde brindo información sobre los aportes que ha dado el mismo, de tal manera que sea posible ponderarlo. En un siguiente apartado me asomo a los datos del libro en sí mismo, de tal manera que sea posible valorar la importancia que tiene en la producción del autor. Más tarde, me acerco a una breve diégesis de la novela y, por último, ofrezco una discusión acerca de la novela a partir de la crítica que se ha hecho sobre este género.
Sobre el autor
Francisco Alejandro Méndez nació en Ciudad de Guatemala el 27 de noviembre de 1964 y murió el 28 de marzo de 2026 en la misma ciudad. Era escritor, periodista, crítico literario y catedrático universitario. Escribió novela, cuento y poesía, además de publicar estudios fundamentales de crítica literaria. No sobra señalar que era nieto del escritor guatemalteco Francisco Méndez Escobar (1907-1962).
Doctor en Literatura por la Universidad Nacional (UNA, Costa Rica). En 2017 se le otorgó el Premio Nacional de Literatura «Miguel Ángel Asturias». Ha publicado los siguientes libros de novela y cuento: Graga y otros cuentos (Editorial Serviprensa Centroamericana, Guatemala, 1991), Manual para desaparecer (Arco Iris, El Salvador, 1997), Sobrevivir para contarlo (Praxis, México, 1999), Crónicas suburbanas (Editorial X, Guatemala, 2001), Ruleta rusa (Fondo de Cultura Económica, México-Guatemala, 2001), Completamente Inmaculada (Perro azul, San José de Costa Rica, 2002), Reinventario de ficciones. Catálogo marginal de bestias, crímenes y peatones (La Tatuana, Guatemala, 2006), Les ombres du jaguar et autres nouvelles (Éditions Equilibrio, París, 2009), Juego de muñecas. Un caso más para Wenceslao Pérez Chanán, (Editorial FLACSO, Guatemala, 2012), Triple Play, (Germinal, Costa Rica, 2013), Si Dios me quita la vida (Editorial X, Guatemala, 2020) y Puede que no sean ángeles (Falena Editores, El Salvador, 2023).
Publicó los ensayos de crítica literaria América Central en el ojo de sus críticos, 2005; Hacia un nuevo canon de la vanguardia en América Central, 2006 y, en 2010, el «Diccionario de Autores y Críticos de Guatemala», una obra que recopila los datos de todos los escritores y críticos del país. Su libro La Zona Intersticial. Entrevista con personajes históricos (Fundación Paiz, Guatemala, 2017) reúne entrevistas con personajes célebres del quehacer histórico y cultural de Guatemala, como Augusto Monterroso y Luis Cardoza y Aragón, entre otros.
Una bala más en el tambor del revólver
Puede que no sean ángeles (Falena Editores, 2023) es la más reciente entrega de la saga protagonizada por el detective Wenceslao Pérez Chanán, el personaje ficticio creado por Méndez. En ella encontramos otra de las aventuras protagonizadas por Chanán, en la que suele estar acompañado por su grupo de confianza: Fabio, Enio y Julia, su secretaria. En ella, los problemas de salud que vienen aquejando a Chanán se han vuelto graves y debe estar más pendiente de ellos: la gota, esencialmente, le provoca un poco más de dificultad para el desarrollo de sus actividades. La novela da un paso más allá de sus más recientes entregas, en donde vemos al protagonista inmerso en la dinámica usual: narcotraficantes, contrabandistas y demás personajes del submundo suelen aparecer en los espacios urbanos cometiendo crímenes que siempre son resueltos por el comisario Wenceslao Pérez Chanán, quien no encuentra problema en romper protocolos y convenciones propios de su oficio para resolver crímenes.
En esta última entrega, sin embargo, el comisario y su equipo salen de la ciudad para resolver un crimen que tuvo lugar en el poblado de San Ildefonso de Todos los Santos. Esta salida de la ciudad es ya una característica de lo que nos trae aquí: el desplazamiento o el cambio del escenario clásico de la novela policial, la ciudad, la urbe. Esta ya resulta ser, en sí misma, una característica a través de las cuales el autor brinda un carácter refrescante a una tradición de cuyo credo siempre se consideró un adepto.
Las pistas de una tradición narrativa: Falena Editores
La novela fue publicada por el sello Falena Editores en El Salvador. La editorial se ha caracterizado por publicar otras novelas que suscriben al género de la novela negra. En su catálogo destaca Al director no le gustan los cadáveres, novela inédita de Rafael Menjívar Ochoa, uno de los representantes del género en el país; más tarde publicaron la segunda edición de De vez en cuando la muerte, del mismo autor, previamente publicada por la extinta Dirección Nacional de Publicaciones (DPI) en 2002. La editorial, a su vez, ha publicado a dos autores elementales para la poesía salvadoreña, uno de ellos es Alfonso Kijadurías con su libro Estados Sobrenaturales que data de 1971.
Puede que no sean ángeles representa el segundo libro del autor en suelo salvadoreño, luego de Manual para desaparecer, publicada en 1996 por Arco Iris Ediciones. Con ella, la editorial dio inicio a la colección «El gran fascinador».
El caso en sí
La novela gira en torno del asesinato del sacerdote del poblado, quien, el domingo anterior, había anunciado revelar las confesiones de todos los feligreses, rompiendo el secreto de confesión. La escena del crimen pretende una simbología religiosa, y los únicos testigos aseguran haber visto ángeles bajando del cielo para visitar al cura en su lecho. El presidente de la república encomienda a Chanán el caso, puesto que lo une una relación especial con el sacerdote, habiéndose casado bajo sus oficios, incluso. El comisario decide trasladarse junto a su equipo estrella: Fabio, Enio y Julia, su secretaria, al poblado de San Ildefonso de Todos los Santos, con el fin de dirigir la operación desde el lugar. Las primeras pesquisas entregan a dos hombres que vieron ángeles bajar a la habitación de Santiesteban el día de su asesinato, estos fueron declarados locos inmediatamente.
Chanán entra en contacto con algunos de los pobladores del lugar y así llega a la casa del «Poeta», quien fue asesinado hace sólo unos días. En el lugar se encontraban poemas dedicados al hijo del presidente, ya que este sostenía una relación homosexual con aquel, un amor prohibido que no debía confesarse el día siguiente en misa.
La narración toma un giro importante cuando Chanán es secuestrado por un grupo de pobladores locales para pedirle el dinero que tenía el sacerdote en el momento de su asesinato ($400,000) y ofrecerle una pista: que el par de sospechosos calificados como locos no lo están y son claves para la solución del caso. Al devolver al comisionado al curso normal de la investigación, este decide ir a ver a los sospechosos y descubre que están siendo trasladados hacia otro lugar. La novela sigue con una persecución clásica de policías detrás del convoy militar que va resguardando a los sospechosos, hasta tener un enfrentamiento armado con los mismos y, antes de que muera uno de los custodiados, develar que ese mismo convoy es el que había asesinado al sacerdote.
Luego del enfrentamiento de Chanán con el convoy paramilitar, este y su equipo llevan todos los cuerpos al mismo lugar donde estos asesinaron al sacerdote, colocándolos de tal manera que reprodujeran la escena del crimen, ello llama la atención de la policía, que llega a recoger al comisionado y sus dos ayudantes para ser llevados ante las autoridades, quienes pretenden hacerlos firmar declaraciones falsas para autoincriminarse. Este punto toma otro giro importante cuando aparecen las plaquetas en donde se informa del romance que el hijo del presidente sostenía con «el poeta», uno de los pobladores de San Ildefonso de Todos los Santos, logrando hacer que el presidente reconozca su participación intelectual en el crimen, lo que ya estaba siendo grabado para detenerlo.
Romper el voto de silencio: violencia, corrupción y un portazo en el clóset
Uno de los momentos que aceleran la acción del relato es cuando Monseñor Julio Santiesteban, en su misa de domingo, informa a los feligreses que el siguiente domingo al mediodía, y al principio de la misa, revelará públicamente las principales confesiones de los últimos tres años. Ello implica romper uno de los paradigmas característicos de la iglesia católica: el secreto de confesión, algo impensable para cualquier sacerdote. Lo anterior remarca uno de los temas todavía latentes en cualquiera de los países latinoamericanos: la religiosidad, este será uno de los temas culturales con los que juega Méndez en este texto. Ello remarca otros asuntos importantes en el texto: no es un asesinato cualquiera: es el asesinato del sacerdote que casó al presidente y del confesor del amante de su hijo, lo que nos lleva por otro de los temas cruciales que toca el texto: el amorío que su hijo sostenía con «El poeta», que se hará efectivo no sólo a nivel narrativo, sino también a través de los textos a los que el autor nos confronta.
Este nexo homo-erótico es vital, dado que el leitmotiv del asesinato es la pretensión, por parte del presidente: el machismo aflora en este punto, dado que no se trata del hijo del «hombre fuerte» de la nación, un tema que todavía es tabú a nivel latinoamericano. Este asesinato expone la violencia, como hilo conductor de esta saga y como telón de fondo que ubica, no sólo geográficamente, la narración. La violencia es uno de los puntos por los que esta novela puede ser clasificada como policial y centroamericana, tal como señala Rivera Rivera (2014):
«En la nomenclatura empleada por todos los críticos es evidente que el hecho histórico de la guerra ha marcado el devenir cultural de la región centroamericana, y que la violencia producto de tales procesos militarizados sigue presente en las sociedades de diferentes maneras. Los escritores de la región han cultivado una forma de representación literaria del fenómeno: el género policial». (p.7)
Una de las características de la nueva novela policiaca es la distancia que marca con la novela policial clásica, pues da por hecho el colapso de las instituciones, ya que «la novela policial centroamericana rompe con este esquema y, en realidad, el detective no logra restituir el orden cuando encuentra al asesino, y en muchos casos simplemente no lo descubre». (Rivera Rivera, 2014, p. 58) Por el contrario, el protagonista propone, busca y encuentra soluciones al margen de la ley, para hacer cumplir La Justicia, aun si esta no es cumplida por las instituciones que idealmente deberían hacerlo y para ello, está dispuesto a cualquier tipo de método, aún si este no es el convencional o si está fuera del marco de la ley. Esas características ubican esta ficción en el tiempo actual, en donde pone de manifiesto el colapso de las instituciones, la corrupción en todas ellas y los ejercicios de poder que tienen lugar en la actualidad.
La mayor parte del relato se desarrolla, como bien lo hemos señalado, en un pueblo lejano a la capital, es decir, en un espacio marginal. Lo anterior es una característica que no podemos pasar desapercibida, puesto que remarca una diferencia:
«Si bien, tanto el policial clásico como el actual tienen en común el espacio de la ciudad como escenario de los crímenes y pesquisas, lo cual es una manera de identificar al lector con una comunidad y unos referentes que le son conocidos, se diferencian en que el policial centroamericano contemporáneo tiene una predilección por espacios marginales que se ambientan en general en la noche». (Rivera Rivera, 2014, p. 58)
A partir de aquí, la novela ya da un paso adelante hacia su filiación como Novela Negra. Su protagonista, el comisionado Wenceslao Pérez Chanán es un detective que trabaja para el Ministerio Público en la ciudad de Guatemala, en Guatemala. Dirige un equipo de investigación conformado por Julia, su secretaria, y la dupla conformada por Fabio y Enio, que también son investigadores. Es descrito como un padre de familia convencional en los países centroamericanos: padre de cinco hijos, junto a su esposa, Wendy. Chanán es asiduo al aguardiente «Predilecto» y al maní garrapiñado. Debido a sus hábitos, padece del hígado, lo que le hace sufrir malestares que jugarán en contra en muchas de las ocasiones. A su vez, se le describe como alguien con sobrepeso e idealista. Este se configura ya en otra de las características, ya que se configura como «un antihéroe, no es el típico investigador del policial clásico que tiene un ayudante, que no se involucra ni tiene nada que ver con el submundo que investiga». (Rivera Rivera, 2014, p.58). Méndez agrega una característica más al comisario: es un idealista, tal como lo podemos notar en el siguiente párrafo:
«En un país en el que las fuerzas de seguridad habían sido vistas como fuerzas represivas y la imagen de la policía estaba por los suelos, Wenceslao ofrecía una posibilidad en creer que existían detectives que cumplían a cabalidad con su compromiso». (Méndez, 2023, p.144)
Más tarde, el mismo Presidente de la República increpará a Chanán de la siguiente manera: «Cómo es de terco e idealista ¿verdad?» (Méndez, 2023, p.159), dándonos a entender que es alguien dispuesto a llegar a su cometido, a riesgo de todas las consecuencias que puedan presentarse, pese a lo absurdo que ello pueda ser.
La disputa por la representación de la violencia en Centroamérica y la discusión que genera el intento por clasificar este género es una discusión que todavía no ha tocado su punto final, pero que encuentra en esta novela, así como en toda la saga de Chanán, un refrescante punto para discutir tal presupuesto:
«Esta nueva práctica escritural, que se ha denominado ―a falta de un mejor nombre― novela negra o neopolicial, trata de representar la violencia y la impunidad de las sociedades centroamericanas a partir de algunos recursos literarios que le brinda la novela policial clásica». (Rivera Rivera, 2014, p. 61)
De lo anterior ya podemos entender el parteaguas que representa el texto ante el cual nos encontramos. Méndez nos deja en él, un recordatorio de que la búsqueda de la verdad y la justicia han sido anhelos inherentes a la fundación de las instituciones del imaginario y las narrativas que sostienen ese abstracto que llamamos «Nación» y que, ante la caída de esos anhelos, la búsqueda de la verdad y la justicia no desaparece, sino que pasa a otras vías que tocan los límites profesionales y éticos. Tocar esos límites puede resultar peligroso en sí mismo, dada la volatilidad del ser humano, cruzar o no cruzar esa línea, deviene más en un asunto contextual que de voluntad.
Conclusiones
Puede que no sean ángeles es un rico ejemplo de los enormes aportes que hace el corpus literario centroamericano al gran concierto de la literatura universal, pero que suele ser lateralizado ante las dinámicas jerarquizantes del canon impuesto desde distintos sitios de poder, algo que todavía no nos hemos dedicado a abordar de manera sesuda y que por lo tanto no hemos desarrollado dinámicas de difusión contundentes ante ello.
Méndez, lector voraz de novela policiaca, expande las características clásicas del género. Este ejercicio le es posible a partir del contexto con el que vivió y en el que escribió: el Istmo centroamericano de conflicto y posconflicto. La novela negra centroamericana encuentra en este autor un bravo exponente, que deja, en esta pieza, un mundo con el que es imposible sentirnos alejados: un San Ildefonso de Todos los Santos, posterior a las revoluciones sin cambios revolucionarios, como rezaba aquel título de Edelberto Torres Rivas, que tuvieron lugar en Guatemala, El Salvador y Nicaragua, pero en el que fácilmente podríamos sentirnos descritos.
A su vez, este tipo de estética nos deja ante dos o tres preguntas: ¿será posible restituir la esperanza y los anhelos que sustentaron los proyectos de Estado Nación que tuvieron lugar a principio del siglo pasado?, acabados aquellos proyectos teleológicos que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XX, ¿tiene lugar pensar en esa restitución de aquellos proyectos?
Chanán nos espera en alguna barra de cualquier pueblo en el territorio centroamericano, para que podamos meditar alrededor de estas preguntas y tantas otras. Para todo hay tiempo. Mientras no lleguen las respuestas a estas preguntas y antes de que llegue el olvido o el silencio, siempre habrá tiempo para otro shot de «Predilecto».
Referencias
Méndez, F. A. (2023). Puede que no sean ángeles. Falena Editores.
Cortez, B. (2010). Estética del cinismo. Pasión y desencanto en la literatura centroamericana de posguerra. F&G Editores.
Rivera Rivera, R. (2014). Propuestas narrativas de la nueva literatura centroamericana: La novela policial. Pensamiento Actual, 14(22), Article 22.
Sarmiento, I. (2017). ¿Qué hacer con los muertos? Claudia Hernández y el trabajo del duelo en la postguerra salvadoreña. Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, 41(2), 395-415. https://doi.org/10.18192/rceh.v41i2.2157

Kike Zepeda. (Santa Ana, 1990). Poeta, antropólogo y gestor cultural. Ha publicado Oficio de pájaros (La Chifurnia, 2015), Para que la muerte no te encuentre (La Chifurnia, 2016), Esta manera de olvidar (S/E, 2016), Los nadantes (POE, 2019), Laura.com y otros links (Editorial EquizZero, 2019), Poemas con barba (La Chifurnia, 2019), Río íntimo (Honduras, 2022), Ataúd (El Salvador, 2021). Aparece en la antología Torre de Babel. Antología de poesía joven salvadoreña de antaño: los apócrifos salmón; volumen XV, así como en revistas nacionales e internacionales, como el número 11 de la revista Cultura, Suplemento Cultural 3000 (Co-Latino), Vecindario (Nueva York, 2013), entre otros. Tercer lugar en el primer certamen nacional de poesía «José Rutilio Quezada» (La Chifurnia, 2015), Premio único de poesía en el certamen universitario «Ítalo López Vallecillos» (SACUES, 2016), VIII Premio Centroamericano de Poesía IPSO FACTO 2018 (Editorial EquizZero), Tercer Lugar de Poesía en el Primer Certamen de Poesía Universitaria (SACUES, 2018), por Llanto de la infancia extraterrestre y otros poemas (Inédito). Algunos poemas han sido traducidos al inglés, francés y portugués.
