Una corintia muerta

En revista El Escarabajo, nos complace presentar este material del escritor salvadoreño Pedro Romero Irula. En este texto, Irula discurre entre la interpretación de la amistad y el amor a partir de un epitafio, preservado y reconstruido miles de años después. Irula es un joven narrador que acaba de publicar su primer libro de cuentos La llegada del mundo invisible con Índole, Indole Editores, 2025

Pedro Romero Irula / Escritor

Una mujer murió en la ciudad de Corinto. De esta vida antigua sabemos dos cosas y suponemos otra. Su nombre era Sabiné, de aparente origen latino, de lo que inferimos que murió durante el período helenístico, poco antes o después del arranque de la Era Común. Hace unos dos mil años. Y sabemos que al morir dejó un amante. De esta misteriosa figura enamorada no nos queda el nombre ni el género. Solo un acto: que grabó unas palabras en una piedra que colocó sobre la tumba de Sabiné como un mnemeion, un memorial. Pero es un memorial que no recuerda nada. Se trata de una petición.

Sabemos que, en el descenso al Hades, las sombras de los muertos en Grecia debían cruzar varios ríos. Y tenían la obligación de beber de las aguas del Leteo (Lethés), que extinguía los recuerdos de la vida que acababan de perder. Parece que el amante secreto esperaba que Sabiné llevara consigo el mnemeion al inframundo. Así ella desafiaría la norma del Leteo y permanecería firme en su amor aún desde la tumba.

En el griego original, el extraordinario estado emocional del amante salta al lector. No extraña que, siglos después, alguien encontrara la lápida de Sabiné y transcribiera el epitafio. Terminó en una amplia recopilación de poesía griega antigua, la Antología Griega, en una colección de epigramas fúnebres.

Que en alfabeto latino se transcribe así:

Toutó toi emeteres mnemeion, esthlé Sabine
he lithós he mikré, tes megalés philíes!
Aiei zeteso se! Su d’, ei thémis, en phthimenoisi,
tou Lethés ep’ emoi me ti tíes ydatos!

Que literalmente en español dice:

¡Este (es) el memorial nuestro, Sabine preciosa,
la piedra pequeña, de (nuestro) inmenso amor!
Siempre vuelco la fuerza de mi vida por ti. Y si fuera justo, entre los muertos,
del Leteo el olvido de mí no bebas.

A finales del siglo XIX, William Paton tradujo la Antología Griega entera y cambió esta historia. Paton le impone a Sabine la forma masculina de Sabinos y transforma al amante misterioso en un amigo. Tal vez por eso la exaltación emocional del original queda contenida en el tono prosaico y puntual de Paton, como si la suspendieran en aceite. Paton era un académico, un experto del mundo clásico (classicist) que se dedicaba a la traducción de textos antiguos desde los estudios literarios, la filología, la historia y la lingüística. Posiblemente fue Paton quien logró ubicar el epitafio en Corinto, un dato que omite el griego original.

Pero yo leí primero la versión de Kenneth Rexroth, escrita sesenta años después de la de Paton. Restituye el epitafio de la prosa al verso al mismo tiempo que vuelve de la amistad al amor en su expresión más llana, de philíes philíes. Pero mantiene el personaje masculino de Sabinos. Rexroth, poeta antes que traductor y nacido bajo el signo de Capricornio, estudió por su cuenta los idiomas y las sociedades antiguas cuya poesía tradujo. A diferencia de Paton, buscaba precisión estética: replicar el efecto de unas palabras antiguas usando palabras contemporáneas, y esto a través de idiomas distintos.

Ese día estaba pachito el río, y la sensación del poema se me prendió por un buen tiempo, y para sacar esa intensa emoción antigua que apenas me dejaba sentir el sabor del almuerzo, lo traduje. El melodrama es mío. Pido disculpas a la triste pareja por este interés perverso, metido, en unas palabras que no iban dirigidas a mí, ni a Kenneth Rexroth, ni a William Paton.

Sabine: de nuestro tremendo amor
será memorial esta piedra tan pequeña
que la oculto en el hueco de mi mano.
Te has ido mas de ti no me separo.
Junto a los difuntos de este día
ya habrás bebido las aguas de la muerte:
¡desafíalas! que no entre por tu boca
el olvido de mí.

Pedro Romero Irula (El Salvador, 1997) Trabaja y escribe. Ha publicado cuentos en las revistas digitales Café Irlandés, La Piscucha, La Zebra, Literariedad y El Escarabajo. Otras publicaciones: Lados B (antologador con Luis Contreras, Los Sin Pisto, 2019) y Dos bolos (libro electrónico gratuito, Editarial Entre Tejas, Chiapas, 2022). El 2025, Índole Editores publicó su primer libro de cuentos La llegada del mundo invisible.

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