Alfredo Espino y las misivas suicidas en la literatura

En el aniversario luctuoso del poeta, Jesús Martínez Jurado nos invita a leer entre líneas la poesía de Alfredo Espino y las cartas de despedida de la literatura universal. En un ensayo que cruza las fronteras del psicoanálisis, la psiquiatría y la crítica literaria para comprender el dolor detrás del genio y reivindicar el arte como un eco de la pulsión de vida

Jesús Martínez Jurado | Poeta y psiquiatra salvadoreño

Brumoso el ideal
El alma inerte
Alfredo Espino

El suicidio es uno de los temas más complejos y misteriosos a los que se enfrenta la humanidad y por ello su investigación resulta una de las cuestiones más intrigantes no solo para los profesionales de la psiquiatría y la medicina sino para la humanidad. Ya lo decía Camus: «No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio».

El suicidio al ser un fenómeno humano se entrelaza con la producción artística de diversas formas, por ejemplo, el fenómeno de imitación es conocido como el efecto Werther.1

Larga es la lista de ilustres escritores que se han quitado la vida: Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones, Virginia Wolf, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Silvia Plath, Violeta Parra, Francisco Ruíz Udiel, por mencionar algunos y entre varios en El Salvador tenemos al poeta nacional Alfredo Espino. 

Es indudable que Alfredo Espino es un poeta altamente sensitivo y que su obra ha tenido una difusión al alcance de muy pocos, sus poemas yacen en la memoria y el corazón de los salvadoreños y por décadas se han recitado sus versos de memoria. ­Es sabido que murió tempranamente y que la muerte fue por decisión propia. Ante esto se abren varias incógnitas generales y particulares ¿por qué se suicidan los escritores? ¿qué papel juegan las misivas suicidas en la literatura? ¿de que padecía Alfredo Espino? ¿Es posible rastrear en su obra los estados emocionales que lo llevaron al suicidio?

Para responder estas preguntas nos basaremos en La lira, la cruz y la sombra biografía de Alfredo Espino escrita por Francisco Andrés Escobar y en el conocido poemario Jícaras tristes.

Nos centraremos en realizar un análisis de salud mental y el análisis literario lo dejáramos para los expertos en literatura nacional.

¿Por qué se suicidan los artistas?

El psiquiatra y psicoanalista español José Antonio Pérez Rojo autor del libro Los escritores suicidas nos dice: «Los hombres crean porque se saben incompletos, inventan para llenar esa carencia. Los más radicales, los que se atreven a meter el pie en la hoguera y removerlo, tienen un riesgo mayor… El viaje de la creatividad es azaroso. Se necesita una estructura interior fuerte para que el viaje pueda ser de ida y vuelta, no sólo de ida».

Y el psicoanalista argentino Roberto Longhi: «Tan misterioso es el acto de la creación como el impulso que lleva a un artista a quemarse en su propio fuego y levantar la mano contra sí mismo».

Ahora bien, ¿esto responde a que el artista vive con mayor intensidad sus afectos?, a lo mejor no, hay muchas personas que se suicidan que no eran cercanas al arte y hay artistas con clara hipertimia y una vida muy difícil, que no se suicidaron como es el caso de César Vallejo.

El arte es una sublimación del sufrimiento del ser humano, una tabla de salvación para muchos, es la pulsión de vida (el eros) contraponiéndose a la pulsión de muerte (el thanatos), a lo mejor la escritura contuvo por mucho tiempo a Alejandra Pizarnik y de no escribir se hubiera suicidado mucho antes.

Los artistas se suicidan por las mismas causas que las personas que no se han acercado al arte. Existen razones biológicas, psicológicas y sociales que interactúan para que una persona cometa suicidio1, por lo que habrá que considerar las singularidades de cada persona para determinar las causas de un suicidio en particular.

¿Qué papel juegan las misivas suicidas en la literatura?

El estudio del suicidio abarca tres aspectos que deben estar ligados en la investigación de la muerte suicida. Estos son, el diagnóstico y las circunstancias de la muerte y la investigación de los motivos o ideación suicida.

Cuando una persona llega a consumar un acto suicida, la intervención no debiera quedar únicamente en la determinación de las causas de la muerte, mediante la realización de la autopsia médico legal, sino que además se lograra revelar algunos indicios o mensajes referentes y consustanciales al individuo, que pudieran servir de ayuda para llegar a establecer el perfil del suicida, sus conflictos y su dinámica; de manera que permitiera el reconstruir su personalidad y su estado de salud mental, en momentos previos a cometer el acto suicida.

Todo suicidio consumado deja vestigios en el lugar en que se produce, de ahí que el objetivo de la investigación posterior sea interpretar correctamente los hechos, reconstruir lo ocurrido y comprender lo que sucedió; de este entramado, el análisis de cartas o notas suicidas manuscritas es uno de los métodos más valiosos en el estudio del comportamiento suicida, ya que se puede considerar como un mensaje por el cual el suicida manifiesta su idea, su responsabilidad y su premeditación a la consumación del suicidio y además pretende que sea vista posterior a su muerte.

En general, las notas de los suicidas se caracterizan por expresar aspectos o eventos muy variables tales como hostilidad y autorreproches, así como por dejar frecuentemente instrucciones a los supervivientes.

Se describe una curiosa relación entre la creatividad, las tentativas y el suicidio consumado, estimándose que las tasas de suicidio de los artistas triplican a las que ocurren en el resto de la población “supuestamente sana”, con mayor frecuencia de cuadros depresivos y maniacos. Cuando un artista se suicida se puede esclarecer lo que sucedió por medio de la producción artística porque se tiene acceso a la obra y a la biografía. Muchos escritores dejaron misivas previo al suicidio, este canto de cisne puede significar: Una despedida de este mundo y un epitafio, como en la conmovedora carta de Virginia Wolff a su esposo, 3 y un intento de la psique por aferrarse a la vida como Violeta Parra y su bellísimo poema Gracias a la vida:

«Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros que cuando los abro
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes al hombre que yo amo­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­»

Un fenómeno de lucidez terminal, un intento por poner fuera aquello angustiante que me desborda como haría Alejandra Pizarnik cuando escribió en el pizarrón antes de tomarse 50 pastillas de Seconal:

«no quiero ir

mas

que hasta el fondo»

En otros casos se puede percibir que la obra artística representaba una despedida en el último poema escrito por Storni Voy a dormir, para luego lanzarse al mar:

«si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido».

Hay que dejar en claro que la mayoría de los suicidas padecen de un cuadro de salud mental y que no hay nada romántico o estético en el suicidio.

¿Qué misivas suicidas dejó Alfredo Espino?

Francisco Andrés Escobar, en la obra citada, a partir de las entrevistas que realizó a la hermana del poeta Hortensia Espino y con su sobrino nieto Alfredo, intentó un posible diario recreando ciertas misivas suicidas, que nos aportan algunos datos4:

Alfredo Espino padecía de insomnio, y tensión muscular, gran angustia y además presentó alucinosis de probable origen alcohólico; venía pensado en quitarse la vida desde hace tiempo y lo había intentado antes combinando alcohol con sedantes que finalmente fue el método con el que lo consiguió; Alfredo tuvo una clara ambivalencia respecto a morir, es a escabullirnos por esa rendija a lo que apostamos los clínicos para poder intervenir con alguien que está considerando terminar con su vida, teniendo claro que la vida es completa responsabilidad de quien decide vivirla o terminar con ella.

Nos acercaremos a la obra del poeta para ver si encontramos indicios de malestar psicológico o incluso de ideación suicida.

Es cierto que la temática de Alfredo Espino está hecha de todas las cosas con que el hombre se encuentra en su trajín por la geografía salvadoreña: el pájaro, el volcán, el cañaveral, la tarde, el valle, el río, los bueyes o el rancho. Pero toda obra de arte es una realidad metabolizada por la psique del artista para proyectar una nueva realidad por ello, aunque sus poemas hablen de la campiña salvadoreña también nos hablan de su estado emocional, por lo que podemos seguir los sentimientos depresivos en Jícaras Tristes, por ejemplo, en Ascensión:

«Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.

Y que asco y que tristeza comenzar a bajar…

(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para un vuelo!

Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,

con el loco deseo de haberlas extendido

¡Sobre aquél mar dormido que parecía un cielo!)»

¿Es el poeta contemplando el paisaje desde el cerro o ese “loco deseo” es el de lanzarse al vacío?, considerando su muerte cobra peso la segunda opción.  

En Los ojos de los bueyes:

«¡Siempre tristes y vagos los ojos de esos reyes

que ahora son esclavos! Yo no puedo pensar

cómo, siendo tan tristes, nunca puedan llorar

los ojos de los bueyes…»

¿Es el poeta un observador pasivo de un animal sufriente? es posible, por otra parte, las elecciones que realizamos nunca son al azar si no que están determinadas por nuestro inconsciente, un buey es un macho bovino que ha sido sometido a la castración por tanto es impotente. ¿Esa impotencia personal es lo que Espino habrá visto reflejado en los ojos tristes de los bueyes? es una buena posibilidad.

Quizás donde más se observa el malestar psicológico es en Dulcedumbre, esta sección de Jícaras tristes abre con el poema Las manos de mi madre, aunque es Vox populi que la madre del poema es en realidad su tía Olimpia, quien era de tez blanca, nos preguntamos ¿por qué habrá tenido la necesidad de escribir un poema donde la figura de la madre aparece tan idealizada?

«Manos las de mi madre, tan acariciadoras,

tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras…

 ¡ Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,

las que todo prodigan y nada me reclaman!

¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,

me sacan las espinas y se las clavan ellas!»

Sabemos que la madre de Alfredo era una mujer sobreprotectora que se opuso a los amoríos del poeta y que durante la niñez lo vistió de niña debido a que deseaba que su segundo hijo fuera una mujer. Aunque era una práctica común en la época, es imposible salir ileso de un evento de este tipo durante la infancia; aunque no podemos establecer una conexión directa con la depresión si podemos afirmar que este poema corresponde a los mecanismos psicológicos de transformación en lo contrario y compensación ante sentimientos hostiles hacia la madre que por supuesto convivían con los sentimientos amorosos.  La Virgen Pálida que le causaba angustia, que le rogaba y le pedía perdón ¿es una metáfora de la madre?, también escribe que enfermó a los 15 años después de leer María de Jorge Isaac, además establece en Efraín su ideal, recordemos que el protagonista y narrador, es un joven sensible, educado y romántico que representa el ideal del héroe caballeresco, pero que se ve atrapado entre su amor por su prima María, su deber familiar de estudiar, y las barreras sociales y la enfermedad de ella, siendo un personaje que idealiza el amor y la belleza de la naturaleza americana, pero es incapaz de romper con las expectativas tradicionales, resultando en un desenlace trágico, por la muerte de María debido a la epilepsia. En Con el alma descalza nos habla de «¡La angustia despiadada de presentir que todo ha sido en vano!…» al final alcanza a su amada, pero en espíritu, «Seré como una sombra que se aleja por seguir otra sombra…» En Para Entonces habla de su muerte:

«Esa cruz es la misma que en mi vida he llevado

en forma de una lira; sólo que habrá tomado

para entonces la lira la forma de una cruz».

En otros poemas de Jícaras Tristes continúa siendo recurrente el tema de la muerte, en Cuando pasas:

«Ya sin mi fe, que marchitarse veo,

me has de encontrar entre el mundano ruido,

frío, como la nieve del olvido!,

¡mudo, como las aguas del Leteo!»

En Tarde nos habla de un desamor «no me quieres ya lo ves» En dichoso fui nos habla de la tristeza y en la muchachita pálida de la muerte de una niña, ya en Puente nos habla del suicidio de un hombre:

«Fue una noche, una noche de color de pizarra…

Sintió llegar los pasos vacilantes del ciego,

el del bastón con nudos y la vieja guitarra…

Oyó en la noche el grito de desesperación.

Cuando acudió la gente con su desasosiego,

sólo halló la guitarra junto al viejo bastón».

Y en Stechetti en Soneto claramente nos está hablando de su muerte y de las cosas que quedarán pendientes:

«Cuando a mi huesa oscura y solitaria,

a la postrer morada de mi sueño

llegues llorando, contraído el ceño,

por mi alma musitando una plegaria.

No temas ¡ay! la calma funeraria

que las tumbas rodean cruel beleño

de las cruces, envuelve el tosco leño

y la vetusta fosa cineraria…

Cuando el silencio turbes con tu paso

o con tus quejas flébiles acaso!…

¡Cuantas flores verás que han de sentirte!

Esas flores que el pecho han de besarte,

son las estrofas que olvidé cantarte

y las ternezas que olvidé decirte»

¿De que padecía Alfredo Espino?

Está claro que tenía un malestar emocional, un sufrimiento insoportable que lo llevó al suicidio, los síntomas que se han registrado son los siguientes, tristeza patológica, insomnio, pesadillas, inquietud, desesperación, disminución del apetito, ideas de frustración, vacío, de muerte y suicidio, alteraciones sensoperceptivas, además alcoholismo. No hay evidencia que haya presentado síntomas de manía o hipomanía, ni síntomas que nos hagan pensar en un cuadro psicótico como tal.  

Dice Francisco Andrés Escobar: «La muerte ocurrió en una profunda crisis depresiva, depresión endógena, depresión reactiva y la depresión alcohólica». Esta clasificación responde a la clasificación Krapeliniana que primaba en la época. En las clasificaciones actuales como un Trastorno Depresivo Mayor que es una forma grave de depresión con origen biológico (genético o neuroquímico) y no directamente por factores externos, caracterizada por anhedonia (incapacidad de disfrutar), tristeza profunda, fatiga, alteraciones del sueño y, a veces, delirios y alteraciones sensoperceptivas. Se asocia a desequilibrios de neurotransmisores como la serotonina y puede tener un componente hereditario (la madre incluso falleció en el hospital psiquiátrico donde estaba ingresada por un cuadro depresivo), diferenciándose de la depresión reactiva (exógena) que sí tiene un desencadenante externo claro. 

En este punto nos es útil el concepto de epigenética, es decir que los genes se expresan en la interacción con el medio ambiente. De forma clínica podemos pensar que tenía una predisposición a presentar un cuadro depresivo y que las cosas que le sucedieron desencadenaron el cuadro o lo agravaron, el consumo de alcohol que tiene un efecto ansiolítico momentáneo por su afinidad a los receptores del ácido gama amino butírico al igual que las benzodiacepinas pudo aliviar el dolor emocional momentáneamente, pero empeorándolo después.

Por tanto, estaríamos ante un trastorno depresivo desencadenado y agravado por las circunstancias personales y por el alcoholismo como un mecanismo de afrontamiento inadecuado, además sabemos que el alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central y aumenta la impulsividad.

Ahora bien, la depresión también se puede entender como procesos emocionales de pérdida, separación, frustración y desilusión, sabemos que nació el 8 de enero de 1900, que venía de una familia de tradición poética, que su madre deseaba a una niña y que por ello lo vestía de mujer, que lo percibían como alguien frágil y que al parecer sufrió burlas, estudió leyes, pero le interesaba muy poco, y que fue presionado por su hermano Miguel Ángel para recibirse, que había participado en protestas sociales. A los 28 años había tenido grandes amores, visitado lupanares, escrito un libro de poesía y era alcohólico, que se quería casar y que su madre sobreprotectora se opuso a ello. 

Salarrué escribió en Alfredo Espino se vuelve invisible: «el choque de cosas inconciliables, dentro de su cuerpo, produce, emociones dolorosas”. Algo sabía sobre su amigo. Escobar habla que: “sufrió un encontronazo con una sociedad en la que no cupo por completo, y que sufrió un duro rechazo por …»  no se atreve a decirlo y nosotros tampoco; ya en Las manos de mi madre había escrito: “yo que llevo en el alma las dudas escondidas” precisamente existe un reclamo de la madre por una dedicatoria que “deja dudas”, este es el poema en cuestión:

«SIEMPRE

(Al joven bardo J. Luís Silva)

Tú vives en un íntimo santuario,

donde te adoro yo. Resaltas pura,

lámpara de oro en la celeste altura

y alumbras mi cerebro visionario…

Y ¿sabes?… A pesar que el tiempo es vario,

allá en el fondo de mi vida oscura,

tú persistes aún, como perdura

un nombre sobre mármol cinerario…

Y aunque en pos de las dudas y los años

 vienen sombras y vienen desengaños

y se extinguen encantos e ilusiones,

tú brillas en las noches de mis duelos,

cual fulge en el enigma de los cielos

 el palpitar de las constelaciones!…»

La soledad no es lo mismo que estar solo, la soledad es la sensación de que no hay otro que me pueda comprender. Sufrir estigma por padecer una enfermedad mental o por otra causa es difícil en cualquier época, pero más en El Salvador de los años veinte. En este tiempo no existían los avances en los tratamientos farmacológicos ni psicoterapéuticos de hoy en día. Sabemos que el primer Hospital Psiquiátrico en El Salvador se fundó en 1895, pero la Clorpromazina el primer psicofármaco como tal se descubrió en 1950, los psiquiatras se formaban en el extranjero, la formación psiquiátrica en Centroamérica comenzó en los años 70 en Costa Rica y en El Salvador la primera escuela de psiquiatría se fundó en 1989 en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social. Por lo que la atención en salud mental en el país era primitiva, biológica y física.

Para finalizar, hay que subrayar que el suicidio se puede prevenir con apoyo, tratamientos y perspectivas adecuadas y que el arte y la literatura son una gran ayuda en ello, una manifestación del Eros y para muchos una tabla de salvación.

NOTAS

  1. En Las penas del joven Werther de  Goethe, el protagonista sufre por amor hasta tal punto que acaba por quitarse la vida. Fue una novela muy popular entre los jóvenes de la época, muchos de ellos llegaron incluso a suicidarse de formas que parecían imitar la del protagonista. Las autoridades de ItaliaAlemania y Dinamarca llegaron a prohibir la novela.

2. Resulta útil la clasificación de Emil Durkheim en su teoría socio cultural: Suicidio egoísta: falta de compromiso del individuo con la vida y su desarrollo como ser social. Existe una falla en la integración de la persona en la sociedad.

Suicidio altruista: idea impuesta por la sociedad rígidamente estructurada, contribuye a un sentido grupal y sacrificio por una obligación moral.

Suicidio anómico: desorientación del individuo por un sentimiento de falta de significado de la vida, depende de un fallo o dislocación de los valores sociales que conducen al individuo al suicidio.

Suicidio fatalista: estado de desesperación que conduce al individuo a irse encontrarse si mismo o contra otras personas debido a la fuerte regulación de las normas de la sociedad; es cometido por sujetos que consideran que su futuro está implacablemente limitado.

3 . “Querido: Creo que voy a enloquecer de nuevo. Siento que no podemos atravesar otro de esos tiempos horribles. Y esta vez no me recuperaré. Comienzo a escuchar voces y no puedo concentrarme. Así que voy a hacer lo que creo que es lo mejor. Tú me has dado la mayor de las felicidades posibles. Has sido, en todos los sentidos, todo lo que alguien puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que llegó esta enfermedad. Y ya no puedo seguir peleando. Sé que estoy arruinando tu vida, que sin mí podrás trabajar.

Y lo harás, lo sé. Ya ves que no puedo ni siquiera escribir esto con propiedad. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida a ti. Has sido totalmente paciente conmigo… he increíblemente bueno. Quiero decirlo, aunque todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera salvarme solo podrías haber sido tú. Todo se ha marchado de mí, salvo la certeza de tu bondad. Y no puedo seguir arruinando tu vida durante más tiempo. No creo que dos personas puedan ser más felices de lo que nosotros hemos sido. V”.

4. San Salvador 23 de marzo de 1928 5 a.m.

No he podido dormir. ¡Esta opresión! ¡Y estos deseos de muerte! Varias veces he pensado en quitarme la vida. ¿Por qué? Porque me siento inútil. Sin valor para luchar por lo que más quiero.

En una ocasión en una cantina, y sin que nadie lo supiera, me dieron ganas de tomar unos tranquilizantes con licor. Lo único que me vino fue un profundo sueño… Dormir. Dormir. Morir. Tan solo dejar de ser… ¡Que hermosa la inocencia de Adalberto dormido ahí, sin este agobio, sin esta cruz, sin esta sombra…! Pero quiero hablar sobre Blanca…

(De aquí en adelante, sólo hay pensamientos, párrafos inconexos, versos a medio hacer, como los de quien desea capturar un momento de lucidez, o de penumbra, para fijarlo en el precario marco de la palabra.)


Glosario de Términos Clínicos y Psicológicos

  • Alucinosis (de probable origen alcohólico): Estado en el que la persona experimenta alucinaciones (ver u oír cosas que no están ahí) mientras mantiene la conciencia de que lo que ve no es real. A diferencia de la psicosis, el sujeto suele reconocer que es un síntoma de su malestar o del consumo de sustancias.
  • Anhedonia: Síntoma central del Trastorno Depresivo Mayor que consiste en la incapacidad de sentir placer o disfrutar de actividades que antes resultaban gratificantes.
  • Depresión Endógena: Clasificación antigua que refiere a una depresión que surge desde el interior del individuo, vinculada a causas biológicas o genéticas, más que a sucesos externos.
  • Depresión Reactiva (o Exógena): Tipo de depresión que aparece como respuesta directa a un evento externo doloroso o traumático, como un desamor o un duelo.
  • Epigenética: Campo que estudia cómo el entorno y las experiencias de vida pueden «activar» o «desactivar» ciertos genes. En el caso de Espino, sugiere que su predisposición genética a la depresión se manifestó al interactuar con su ambiente familiar y social.
  • Hipertimia: Estado de ánimo caracterizado por un exceso de energía, optimismo y actividad. El texto menciona que algunos artistas tienen esta característica y, a pesar de vidas difíciles, no llegan al suicidio.
  • Lucidez Terminal: Fenómeno donde una persona con un deterioro mental o físico grave presenta una claridad mental inesperada poco antes de morir, a veces utilizada para dejar mensajes finales o «cantos de cisne».
  • Mecanismo de Transformación en lo Contrario: Proceso psicológico de defensa donde un sentimiento inaceptable (como la hostilidad hacia un padre) se reemplaza en la conciencia por su opuesto (como una idealización extrema o amor devoto).
  • Pulsión de Vida (Eros): Es el impulso instintivo que busca la preservación de la vida, la unión, el placer y la creatividad.
  • Pulsión de Muerte (Thanatos): Concepto psicoanalítico que describe el impulso inconsciente hacia la autodestrucción, el retorno al estado inorgánico o la repetición de lo traumático.
  • Sublimación: Mecanismo de defensa donde impulsos o sufrimientos que no pueden expresarse directamente se canalizan hacia actividades socialmente productivas y creativas, como el arte o la poesía

BIBLIOGRAFÍA

  • Escalante, C. A. (2009). La psiquiatría y la salud mental en El Salvador (1.ª ed.). UCA Editores.
  • Escobar, Francisco Andrés. (2001). La Lira, La Cruz y La Sombra: Biografía de Alfredo Espino, La Lira, La Cruz y La Sombra: Biografía de Alfredo Espino; Orígenes (1a.ed. ed.). Dirección de Publicaciones e Impresos.
  • Espino, Alfredo. (2001). Jícaras Tristes. Jícaras Tristes.; Alejandrina (3a. Ed ed.). Clásicos Roxil.
  • Pérez Rojo. Los escritores suicidas. Uno Editorial. España. 2017


JESÚS MARTÍNEZ JURADO (El Salvador,1985). Doctor en Medicina por la Universidad de El Salvador. Se especializó en Psiquiatría y Salud Mental. Hizo la formación en psicoanálisis en el Centro Psicoanalítico de Madrid. En el ámbito literario cultiva el cuento y la poesía. Fue integrante de los talleres Círculo de la Rosa Negra y Delira Cigarra. Su obra ha sido galardonada con el Premio Letras Nuevas (2009), promovido por La Prensa Gráfica y CONCULTURA y con el primer lugar del I Concurso Literario de Cuento «Puesiesque» (2015), organizado por la Secretaría de Cultura de la Presidencia. Es autor del libro El pequeño cuerpo de la esperanza (Anonimato Ediciones). Es miembro de la Asociación Salvadoreña de Médicos Escritores «Dr. Alberto Rivas Bonilla».

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