Permanencia de Eunice Odio en El Salvador

Eunice Odio se radicó en El Salvador en 1952, y en el tiempo que vivió en este país, no pasó desapercibida. En esta reseña de Alfonso Fajardo, se comentan los pasajes que para él son los más importantes del libro «El rastro de la memoria: Eunice Odio en El Salvador», del periodista salvadoreño Luis Canizalez

Alfonso Fajardo |  Poeta y abogado

La poeta costarricense, Eunice Odio, nunca pasó desapercibida. Allí por donde transitó, trabajó o se estableció, dejaba huellas imborrables en la memoria de quienes la conocieron. El Salvador fue ese país en donde se radicó durante dos años. Un período en el que desarrolló, además de su faceta poética, su faceta periodística. Varios reportajes, investigaciones y crónicas fueron publicadas aquí, así como su celebrado libro El tránsito de fuego. Estas publicaciones, y el hecho de haberse radicado por algún tiempo en este país, no son datos menores para la vida de una poeta que siempre buscó la errancia y la libertad, hasta que se asentó, de forma definitiva, en México.

Hablamos de un paso que se encuentra investigado por el periodista salvadoreño Luis Canizalez, quien en 2022 tal año publicó con la Editorial de la EUNED (Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica) el libro El rastro de la memoria: Eunice Odio en El Salvador. Las siguientes líneas tratarán de reflejar, y de resumir, las principales actividades, publicaciones y vivencias de la poeta costarricense, que se describen en ese libro.

El periodismo

Eunice Odio llegó a El Salvador por segunda vez en 1952. Antes ya había estado durante una estancia corta en el país, como parte de actividades relacionadas con el Premio 15 de septiembre, que recientemente había ganado en Guatemala con su libro Los elementos terrestres. Es en 1952 cuando empieza a trabajar como reportera para El Diario de Hoy, uno de los periódicos con más tradición en El Salvador. Su primer reportaje en este periódico salió en el espacio que ocupaba regularmente la obra de Claudia Lars, y se trató de una entrevista al escritor Francisco Gavidia. Un primer reportaje escrito con la frescura y lucidez propia de Odio, y en el cual logra obtener, de Gavidia, más de alguna anécdota.

Canizales relata de la siguiente manera esa primera incursión de Odio en el periodismo de El Salvador:

«El sábado nueve de agosto de 1952, en la página número cuatro de El Diario de Hoy, apareció un recuadro titulado De vacaciones Claudia Lars esta semana. Abajo, con letra más pequeña, decía: «Por encontrase de vacaciones nuestra colaboradora Claudia Lars, no ofrecemos a nuestros lectores la habitual página de La Madre y el Niño. En compensación, publicamos un original reportaje de la poetisa Eunice Odio sobre el maestro Francisco Gavidia, que no dudamos ha de satisfacer plenamente al pueblo de El Salvador»

Para entonces, Eunice y Claudia ya eran amigas, amistad en la que profundiza la escritora y académica argentina Denise León en su ensayo Eunice Odio y  Claudia Lars o el rescoldo de la poesía.

Fue en este país en donde Eunice publicó algunos de los más importantes artículos de carácter político, que definen su pensamiento en este ámbito. Canizales relata que publicó dos artículos bajo el título José Stalin, beneficiario de la perversión, en los que –según Canizales– Odio «trataba de explicar la forma en que Stalin había intentado expandir su imperio, a través del financiamiento de los partidos comunistas de todo el mundo». En este ámbito, la Dra. Peggy von Mayer ha escrito el ensayo titulado Aproximaciones al pensamiento político de Eunice Odio. Al leer los párrafos parafraseados de dicho artículo, en el libro de Canizalez, se puede palpar la tremenda lucidez política que tenía Odio, sobre todo en una época de Guerra Fría, en la que no todo el mundo conocía los resultados del totalitarismo estalinista. En este sentido, vale la pena también referirnos a una entrevista realizada por Canizalez y la especialista en Odio, Tania Pleitez, a los escritores José Roberto Cea y Tirso Canales, entrevista mencionada en el libro, y en la que José Roberto Cea, ante una pregunta de Pleitez, confiesa lo siguiente:

«—Eunice Odio y otros escritores, como Ninfa Santos y Luis Cardoza y Aragón, se dieron cuenta hacia dónde iba el grupo de intelectuales que ya se estaban radicalizando, en el sentido estaliniano de aquella época. Para nosotros no era ningún error. ¿Cuándo empezamos a ver el error? Lo vimos muchos años después, ya en los setentas, cuando nos dimos cuenta de que la Unión Soviética era otra especie de imperialismo. Eso hay que decirlo con claridad… la actitud de Eunice Odio, en aquella época, no la entendíamos mucho. Pero esa actitud, un tanto sectaria, que hubo de parte nuestra en los años cincuenta, cuando aparece la Revolución Cubana, no nos parecía un error.»

La respuesta de Cea demuestra que el pensamiento de Eunice, en el terreno político, era de avanzada. Si a ello sumamos la lucidez propia con la que esgrimía sus argumentos, podemos encontrar muchas de las claves por las cuales la escritora cambió de pensamiento político en esa época, y por lo cual ha sido duramente criticada durante mucho tiempo.

Siempre dentro del ámbito político, Eunice publicó el ensayo El hombre escapado de Marx, publicado en cuatro entregas. En este texto, según Canizalez, la poeta explica «que el marxismo no tenía nada que ver con el estalinismo, porque no eran la misma cosa». En un compendio de argumentos, Eunice se dedica a explicar el estado actual de las cosas en la Unión Soviética. Con base en artículos políticos como los anteriores, se puede deducir que Eunice Odio no solo tenía información de difícil acceso, sino que también tenía la inteligencia para procesar la información y para explicar su pensamiento de una manera lógica y lúcida.

Otro de los reportajes destacados es la entrevista al poeta Vicente Rosales y Rosales, autor del famoso poema “Invierno”. Eunice tituló el reportaje El poeta incógnito, y, en esa entrevista, Vicente se refirió a su niñez, su adolescencia, sus libros y su afición por la música. En definitiva, más que la entrevista en sí misma, resalta la crónica que escribe Eunice para llegar al momento de la entrevista: su desorientación, la búsqueda y las vicisitudes que pasó junto al fotógrafo, Roy Archila, para encontrar la casa del poeta. El relato, junto a las interesantes respuestas de Vicente, dan como resultado esa frescura y lucidez con las que Eunice narra sus reportajes, lo que hace de la experiencia periodística una lectura agradable.

Las polémicas

No cabe duda de que Eunice Odio fue polémica. Varias leyendas la persiguen al respecto. En este último apartado, se destacan dos muy importantes. La primera, con Ricardo Martel Caminos; y otra con el escritor y Doctor en Derecho, José María Méndez. La primera inició con una reacción de Martel a los artículos de Eunice, específicamente al más reciente, en donde elogiaba el libro de poesía de Claudia Lars, Donde llegan los pasos. Palabras más, palabras menos, Martel exponía que la poesía de Claudia Lars era obsoleta, porque no reflejaba los problemas sociales de ese momento. Eunice respondió con dos artículos llamados La poesía en discusión.

La segunda de las polémicas tiene su raíz en un artículo publicado en el periódico Patria Nueva, dirigido, en ese entonces, por José María Méndez, Julio Fausto Fernández y Antonio Rodríguez Porth. De acuerdo con Luis Canizalaez, los editorialistas «aseguraron que en Bellas Artes había serios problemas, debido al viaje a Francia que haría el director del Conservatorio Nacional de Música, Nicolás Arene, para comprar instrumentos valorados en varios miles de dólares. Eso, según los editorialistas, había llevado a Humberto Pacas, jefe del Departamento de Música, y a Edmundo Barbero, jefe del Departamento de Teatro, a presentar sus renuncias. Los editorialistas también denostaron el trabajo realizado por Bellas Artes. Esas críticas hicieron saltar a quienes ponderaban a los profesores que dirigían esa institución cultural».

Eunice, en ese entonces, ya inmersa en la cultura salvadoreña, desmintió las aseveraciones de los editorialistas de Patria Nueva, y desencadenó una serie de publicaciones entre ella y el escritor José María Méndez. Con afilado sarcasmo, tanto Eunice como don Chema Méndez, como también se le conocía, entablaron una discusión de esas que en estos días ya no se ven. Algunas de las respuestas de don Chema Méndez se pueden encontrar en su libro Fliteando, en donde reúne todas las columnas de Flit, un personaje creado por él para mantener su anonimato.

No entraremos al corazón de cada una de estas polémicas, y mucho menos mencionaré cómo terminaron, es preferible que el lector se deleite con ellas, adquiriendo el libro de Luis Canizalez. Por supuesto, en el libro hay mucho más de lo descrito, pero he extraído lo que a mi juicio es lo más importante de la permanencia de Eunice Odio en El Salvador. Como bien lo narra Luis Canizalez, es difícil hacer una radiografía exacta de la vida de Odio en El Salvador, pues casi todos los que la conocieron están muertos. Sin embargo, el libro es una excelente aproximación a lo que en su momento vivió, escribió y sintió en este país esa gran poeta.


Alfonso Fajardo. (20 de marzo de 1975), miembro fundador del Taller Literario TALEGA en 1993, una de las agrupaciones literarias más importantes de la década de los noventa y principios del nuevo siglo. Tiene más de una docena de premios nacionales; además, tiene el título de Gran Maestre, rama Poesía (2000), otorgado por la extinta CONCULTURA, hoy Ministerio de Cultura, por haber obtenido tres primeros lugares nacionales en poesía. Además, tiene los premios internacionales: LXV Premio Hispanoamericano de Poesía, Juegos Florales de la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala (2002); y Mención de Honor en el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán, rama poesía (2005). Tiene publicados los libros Novísima antología (Mazatli, 1999); La danza de los días (Editorial Lis, 2001); Los fusibles fosforescentes (Editorial Cultura, Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, 2002), Dirección de Publicaciones e Impresos, 2013); Negro (Laberinto Editorial, 2014); y A cada quien su infierno (Índole Editores, 2016). Fue seleccionador del libro Lunáticos, poetas noventeros de la posguerra que recoge a la generación de poetas jóvenes de los años noventa (Índole Editores, 2012). Por otra parte, aparece en varias antologías, tanto nacionales como internacionales, entre ellas: Alba de Otro Milenio, antología de poetas jóvenes de El Salvador, compilado por Ricardo Lindo (CONCULTURA, 2000); antología de los ganadores de los Juegos Florales de Quetzaltenango (Editorial Cultura, Guatemala, 2002); Memoria del Festival Internacional de Poesía de Medellín, 2003; Trilces trópicos, poesía emergente en Nicaragua y El Salvador (Editorial La Garúa, Barcelona, España, 2006); Cruce de poesía, Nicaragua-El Salvador (Editorial 400 Elefantes, Nicaragua, 2006); Segundo índice de la poesía salvadoreña (Vladimir Amaya, compilador, Índole Editores-Kalina, 2014); y en otras antologías  latinoamericanas e hispanoamericanas, como Chamote, Argentina (2015); Revista Gramma, muestra de poesía latinoamericana contemporánea, Argentina (2015); Voces de América Latina (New York, 2017), y otras. Ha participado en varios festivales internacionales de poesía como el Festival Internacional de Poesía de Medellín, el Festival Internacional de Poesía de Granada y otros. Además, es columnista, abogado, con Maestría en Derecho de Empresa, y Árbitro en Derecho nombrado por la Cámara de Comercio e Industria.



                

Deja una respuesta

Your email address will not be published.