El simbolismo tangible. La filosofía de la pintura conceptual salvadoreña

La pintura conceptual salvadoreña
Detalle en grises de «4 generaciones», obra de Miguel Mira.

Este importante ensayo de Juan Carlos Rivas, poeta, artista plástico y periodista salvadoreño, es un viaje guiado por la pintura conceptual y sus creadores salvadoreños. Rivas escribe: «Aunque la historia de la abstracción en la pintura salvadoreña es relativamente joven (60 años aproximadamente quitando la relación con el arte parietal), su desarrollo ha gestado a importantes artistas comprometidos con las propuestas, las vanguardias, la expresión simbólica o la alegoría»


Juan Carlos Rivas | Artista plástico, escritor y periodista


Si partimos de la idea de que la esencia del arte reside en su función simbólica como revelación existencial del hombre a si mismo, su función puede ser la de acceder a lo desconocido para expresar lo incomunicable, es decir, la capacidad de aproximarse a aquello que no es explicable en términos lingüísticos y que en numerosas ocasiones no entra en la lógica conceptual o racional. Ya que sabemos que la capacidad para simbolizar es propia del ser humano, en arte, este esfuerzo se vuelve más complejo ya que procura explicar «lo suprasensible» lo cual rebasa los límites de lo concreto.

El artista colombiano Camilo Calle en su ensayo «El símbolo en el arte», define que «el artista refleja su psique en la obra por medio de objetos inanimados; dándoles un valor metafísico y creando así un juego que tiene una cuota importante de azar, la cual, permite descubrir «el alma secreta de las cosas»».

Por su parte, el historiador español Julián Gállego dice que en arte existen dos campos de la cultura simbólica representados: «De un lado el de los temas o asuntos; y del otro, el de las formas artísticas», esta convivencia de alegorías ha sido definida como un «sistema de organización simbólico».

Si recurrimos a la RAE (Real Academia de la Lengua Española), el símbolo es definido como «una imagen, figura o divisa, con que materialmente o de palabra, se representa un concepto moral o intelectual, por alguna semejanza o correspondencia que el entendimiento percibe entre este concepto y aquella imagen».

Según el historiador español se trata de una relación entre dos partes donde la primera es una imagen material y la segunda es un concepto intelectual mediando «una conversación cultural»;  la primera representa a la segunda, es decir, «que se nos revela y adquiere su sentido al establecerse su correspondencia entre ambas».

El profesor de historia del arte español, Valeriano Bozal, es más concreto; considera a la obra de arte como «un lenguaje». Esta idea ha constituido uno de los ejes principales del pensamiento del siglo XX donde el lenguaje ya no es entendido como un instrumento neutro y transparente «al servicio de un sujeto que lo utiliza para describir el estado de las cosas en el mundo, sino que el mismo lenguaje «abre» el mundo».

En el arte posmoderno se representan una serie de discursos y violencias que desembocan en la emoción, pero su verdadera finalidad es la de darle significado al enfoque interior del ser humano. Esta relación o diálogo establece formas presentes en la pintura contemporánea, donde objetos, acciones o temas ayudan a idear microuniversos visuales que muestran a la obra como una maquinaria configuradora de «formas simbólicas», a su vez portadora de «valores simbólicos», enunciando o propiciando «acontecimientos simbólicos» (Camilo Calle Muñoz).


¿Qué es el arte abstracto?

Si bien es cierto no existe una definición exacta para presentarlo y tomando en cuenta de que los mismos vanguardistas tenían sus propias definiciones y objeciones, la mayoría puede coincidir en un punto: «Ningún arte podría tener profundos cimientos filosóficos como este». Esta definición, hecha por el crítico de arte y literatura, Herberth Read (Premio Erasmus 1966), solo fue la antesala para otra frase ilustrativa que también define las razones de ser de la pintura: «El propósito del artista no es representar la emoción sino trascenderla».

Mientras algunos defensores del arte abstracto piensan que el arte es una forma simbólica de discurso y aún cuando es una representación, su mensaje es transmitido por la forma y el color más que por la imitación de las cosas. ¿Es entonces el arte abstracto un proceso dialéctico?

El escritor francés Charles Estiénne (autor de Van Gogh Study y Gaugin: biographical and critical studies), define al arte abstracto como «el rechazo absoluto de la imitación, la reproducción y aún la deformación de formas provenientes de la naturaleza», y agrega, «es rehusarse a que entre el mundo exterior en su juego, y esforzarse en construir —al margen de toda influencia exterior— el drama de las líneas y los colores».

No obstante, hay otros teóricos que piensan que el verdadero concepto de la abstracción es el efecto psíquico resultante: el hecho plástico real. Esta teoría es defendida por el poeta surrealista francés Benjamin Peret (cónyuge de la pintora española Remedios Varo) y contemporáneo de los movimientos surrealista y dadaísta. Y dice Peret: «El arte abstracto escapa a la figura del mundo de la realidad inmediata, no busca, como el cubismo, darle nueva expresión a la figura, al objeto, a la realidad…», y añade una frase contundente: «¡Si se piensa sobre la nada, ya hay un gran tema!»

Luis Cardoza y Aragón, teórico del arte español, propone que «la abstracción ha sido siempre una constante del espíritu humano, por lo tanto, el arte abstracto tiene una fundamentación sólida; que es «la misma del arte en todas las épocas, por nuevos caminos. Encontrar y abrir tales caminos es la historia de esta expresión remota y actual».


Una expresión remota y actual

Si partimos de que el arte es universal, el lenguaje es universal, el símbolo y la interpretación también de igual manera, no debe extrañarnos el porqué se hace arte abstracto fuera de Europa y las sociedades sajonas, en América latina para ser exactos…

Pero la historia del arte es la historia de la estética humana y el artista pintor tiene las mismas preocupaciones e interrogantes en cualquier lugar del mundo. La historia, por lo tanto, es la misma solo que con diferentes nombres y manifestaciones.

Las designaciones que ha adquirido esta corriente a lo largo del tiempo y en las distintas sociedades del mundo son diversos; arte abstracto, no figurativo, informal, no objetivo, concreto, no representativo y otros nombres «no adecuados» que han servido  para señalar una corriente varia de expresión plástica que se encuentra ya en formas geométricas en el neolítico.

Esta corriente se considera que surge «divergentemente de dos pintores»; un ruso, Kandinsky, y un holandés, Mondrian. Se suele fijar como fecha de su origen con la aparición de la primera acuarela abstracta de Kandinsky pintada en 1910. Sin embargo, algunos historiadores dan prioridad al lituano Miguel Constantino Ciurlionis (1875-1911), quien expuso por primera vez obras no figurativas desde 1906, en los albores del cubismo. Según los teóricos se puede estimar a Ciurlionis como «el ancestro de la escuela de pintores no objetivos que deriva de Kandinsky», y según la Enciclopedia de las Artes de Nueva York (1946); «Un artista que debe ser entendido y apreciado no solo por el místico y visionario que fue, sino, asimismo, por su estética única y sus ideas pictóricas». Y reza la enciclopedia, «el más extraño de los pintores anti-naturalistas, el primero en abandonar todo tema en su búsqueda de una expresión en líneas y en color equivalente a la música. Su obra establece un verdadero punto de cambio».

Pero ¿cómo relacionamos la historia universal de la pintura conceptual con la realidad salvadoreña? Es decir, sin recurrir al contexto o relación del arte parietal que está determinado por un tratamiento estilístico, una especialidad interpretativa y un componente espiritual mítico-ritual (Alvaro Sermeño: el arte parietal) sino, ¿por los cánones de la vanguardia?

Todo comienza en la década de los años 50, sucede cuando Pedro Acosta y Carlos Cañas son becados para realizar estudios superiores en la prestigiosa Escuela Central de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, España; Carlos Cañas de 1950 a 1958 y Pedro Acosta de 1956 a 1961.

En esta época estaba vigente el Informalismo heredado del movimiento francés (1948) de Jean Fautrier, Jean Dubuffet y Wolfgang Schulze. De hecho, se tiene a Dubuffet como el iniciador de la pintura matérica y el antecedente de la corriente informalista europea.

En 1954 brillaba en la madre patria el informalismo matérico impulsado por Antoni Tápies, que provenía del grupo catalán de pintores «Dau al set» (1948-1954), que abrigó a artistas de la talla de Modest Cuixart, Joan Ponc y Joan Tharrats; mientras que en Madrid prevalecía el informalismo expresionista con Antonio Saura y Manolo Millares a la cabeza.

Cañas estudia pintura, dibujo, grabado, historia del arte, filosofía del arte y anatomía; y rápidamente se ve inmerso en el mundo de la vanguardia, es decir, en la historia viva del arte español pues el informalismo como propuesta artística nueva respondía a la modalidad de la Europa de posguerra. Para 1955, Tápies presenta sus collages monocromos estructurados con arpillera, superficies ajadas surcadas con incisiones. Los trabajos de este momento son obras que valoran una estética de la fealdad los cuales lo situaron entre los principales informalistas del viejo continente (de esta época es el cuadro Pintura, una obra que escandalizó al ser expuesta en la Bienal Hispanoamericana).

El catalán «utilizó procedimientos mixtos de todo tipo (arena, ropa, paja), intensificó los collages y el gusto por la materia abundante que a menudo llegan a ser auténticos bajorrelieves» (Joan Campás Montaner y Anna González Rueda: Del informalismo al arte conceptual).

En plena efervescencia del informalismo matérico y el informalismo expresionista, un visionario Carlos Cañas combina sus estudios academicistas con la experimentación con las texturas, integrando materia en sus cuadros. Le atrae el concepto destrucción-creación que surgió después de la Segunda Guerra Mundial: «El construir algo nuevo desde las ruinas»; en el caso español, la construcción a través de la expresión de la espontaneidad».

Al igual que Antoni Tápies, Cañas se decanta por un procedimiento mixto que da lugar a unas materias densas con aspecto rugoso y áspero. Paralelamente copia obras de arte en el Museo del Prado como parte de su formación superior.

Tápies obtiene sus texturas mezclando polvo de mármol triturado con aglutinante, óleo y pigmento en polvo. Cañas experimenta con los dos brazos del expresionismo.

Un año después, en 1956, un joven becario, Pedro Acosta, se inscribe en San Fernando pero también agenda tiempo para visitar los talleres de los artistas conceptuales, los estudios privados, las galerías y los museos para así nutrirse visualmente con las nuevas propuestas artísticas. Es así como es atraído por el mundo de las texturas y los empastes realizados por los informalistas por lo que decide comenzar su investigación personal con la integración de otros elementos entre ellos tela, madera y alambre. Utiliza colores neutros especialmente marrones y ocres a los cuales añade un poco de óleo negro, puro, y pigmento natural para realizar mezclas espontáneas. Esta experimentación —a su regreso a El Salvador— le permite realizar lo que en la historia de nuestra plástica ubicaríamos como la primera exposición de pintura conceptual realizada en San Salvador (1962). Sin embargo, esta propuesta no es bien recibida en el ámbito social y cultural extremadamente conservador de la época. Al parecer casi nadie asistió a la exposición.

No obstante, existe una polémica en torno a la identidad del precursor del modernismo en el país. ¿Quién fue en realidad el realizador de la primera muestra de pintura abstracta? Y aunque no se trate de un antecedente tan importante, todo apunta al mtro. Carlos Cañas.

En 1950, Carlos Cañas es becado por el Gobierno de España para estudiar en San Fernando, permaneciendo en Europa hasta 1958. En este período aprovechó para convertirse en un teórico del arte —a diferencia de Acosta— y a su retorno a El Salvador se dedicó a impartir sus conocimientos del arte moderno europeo.

Contrario a la experiencia de Acosta, su propuesta causó una verdadera revolución al mostrar ideas innovadoras que cambiaron el rumbo del arte nacional, entre ellas el expresionismo, el cubismo y el arte abstracto.

De 1958 a 1972 fue profesor de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la Universidad de El Salvador, impartió clases de Teoría e Historia del Arte en 1969, y en la Facultad de Arquitectura de la UCA, en 1974. En el período correspondiente a 1969-1972 formó escuela, influyendo en sus alumnos tanto en el sentido artístico como en el pensamiento y compromiso político.

De esta época habla la Dra. Astrid Bahamond en su libro Procesos del arte en El Salvador: «Las vanguardias estilísticas, como signos revolucionarios rehabilitan el arte precolombino como cuestionamiento antropológico de auténtica revisión histórica».

Es así como sus alumnos más destacados trabajan ambos conceptos (la abstracción y la identidad precolombina) y hasta llegan a combinarlos. Siendo los más sobresalientes: Roberto Galicia, Roberto Huezo, Mario Martí, Enzo Martínez, Julio Reyes y Óscar Soles. En esta época surge también la figura de otro vanguardista, Víctor Barriere, quien trabaja la abstracción e incorpora elementos matéricos extrapictóricos como arena, trozos de tela e incluso latas. El artista llama «lenguaje secreto» a la solución abstracta que presenta porque con ello pretende «darle solución al espectador con un lenguaje propio». Su lenguaje. Sin embargo, para este momento comenzaban los movimientos que germinarían el conflicto social que llevaría al enfrentamiento armado a finales de los 70, no sin antes desarrollarse otras dos corrientes pictóricas que comenzarían a menguar la novedad de las vanguardias: el surrealismo y el simbolismo como predecesores del hiperrealismo y el neosimbolismo, escuelas honrosamente representadas por los trabajos de Benjamín Cañas y Ernesto San Avilés.

Luego ocurre el oscurantismo de 12 años de guerra civil hasta que —luego de la firma de los Acuerdos de Paz de 1992— se experimenta una vuelta al academicismo con las manifestaciones de las escuelas hiperrealista, neosimbolista, primitivista (naif) hasta el desarrollo de un realismo mágico latinoamericano que renació en la pintura en la década de los 90. No obstante, artistas de la calidad de Óscar Soles, Nicolle Schwartz, Orlando Cuadra, Francisco Zayas, Héctor Hernández, Mauricio Linares, Rodolfo Molina y Hernán Reyes (no digamos Roberto Galicia, Roberto Huezo, Antonio García Ponce y César Menéndez) se mantienen fieles a sus convicciones. Y así pasa otra década hasta el surgimiento de una nueva generación más preocupada en las propuestas conceptuales.

Con la llegada del siglo XXI nuevos actores encuentran en las vanguardias su forma de expresión, sobre todo, en las puertas de la galería Vilanova Fine Arts: Fernando Pleités, José Rodríguez, José David Herrera, Cristina Gozzini, JC Rivas, Walterio, Moisés Zamora, Manuel Sandoval, entre otros. En este periodo hay un apoyo importante para la difusión del arte y la cultura, las bienales centroamericanas Promérica, las exposiciones itinerantes del Grupo Causa, los certámenes de pintura del Centro Cultural Español y el Centro de Estudios Brasileiros.

Para 2006 surge el proyecto Abstráctica que nace con el enunciado de reivindicar la pintura abstracta y unir a las generaciones, es así como se desarrolla durante 6 ediciones consecutivas en Galería 1-2-3 y galería Espacio. Paralelamente en esta época los escritores-pintores Alfonso Quijada Urías y Ricardo Aguilar se tornan al expresionismo abstracto con sus figuras vegetales y sus formas simbólicas misteriosas. En 2012 aparece el Salón de Arte Abstracto concebido en la Universidad de El Salvador (y que pese a tener 8 ediciones consecutivas en la actualidad, todavía tiene que enfrentar un proceso de depuración ya que se perfila como un proyecto de corte internacional). De ambas etapas sobresalen las propuestas de Amber Rose, Rodolfo Oviedo, Rafael Flores, Rubén Silhy y un veterano William Chilín (con una larga trayectoria en el figurativo). Les siguen cronológicamente, Miguel Mira, Henry Ramírez, David Duke, Rodrigo López, Leonardo Young hasta llegar a las texturas visuales de Cristian López; de todos ellos se espera un aporte significativo para las próximas dos décadas. No puedo dejar de lado a dos magníficos e importantes artistas figurativos que poseen una obra abstracta casi inédita y que combinan parte de su temática con fondos abstractos de fina factoría, mezclando elementos del expresionismo, el informalismo expresionista y la abstracción geométrica: Alex Cuchilla y Rafael Varela. Pasemos ahora a profundizar las propuestas de forma y la filosofía de estos vanguardistas que representan a distintas generaciones —pese a ser una muy breve selección— pero que ahora son parte importante en la historia de la pintura abstracta de El Salvador en el período comprendido entre los siglos XX y XXI.

7 Comments

  1. LO FELICITO POR TAN BUEN ARTÍCULO, MUCHAS DEFINICIONES DE OTROS AUTORES AYUDAN A ASENTAR LA DIVERSIDAD DE PRECEPTOS SORE EL ARTE ABSTRACTO.
    LUIS CARDOZA Y ARAGON.Luis Cardoza y Aragón fue un poeta, ensayista y diplomático guatemalteco, sin duda uno de los intelectuales más importantes del siglo XX en Guatemala. Nació en la ciudad de Antigua Guatemala, pero pasó gran parte de su vida afincado, por razones de exilio político, en México, donde falleció. Wikipedia
    Nacimiento: 21 de junio de 1901, Guatemala
    Fallecimiento: 4 de septiembre de 1992, Ciudad de México, México
    Luis Cardoza y Aragón
    (Última actualización: diciembre 14, 2015)
    Luis Cardoza y Aragón (Sacatepéquez, 21 de junio 1904 – 4 de septiembre de 1992) fue un poeta, escritor y diplómatico guatemalteco que pasó gran parte de su vida en el exilio, específicamente en México. Sus obras son de gran trascendencia en la literatura nacional (Diccionario Histórico Biográfico, 2004).

  2. Juan Carlos, qué buen texto lleno de mucha información que respalda el entendimiento del movimiento de pintura abstracta propio den uestro país. A quienes somos menos versados de la academia en la pintura, ésto nos sirve como escuela. Gracias y adelante. Tenés una pluma muy clara.

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